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miércoles, octubre 17, 2012

Carta abierta a un español catalán






           


      Indepedientemente de tu edad, sexo, condición y cualesquiera que sean tus circunstancias, sé que estás confuso y estupefacto ante las proclamas independentistas de los nacionalistas catalanes, con Artur Mas a la cabeza, que están creando un clima de crispación y división entre los catalanes que os sentís como tales y, además, españoles, porque ambas identidades no son contradictorias ni excluyentes entre sí, sino complementarias y enriquecedoras y, por ello, nunca habías sentido como un problema dicha doble cualidad española-catalana, sino algo de lo que sentirse orgulloso y estás absolutamente identificado con ella.
           Sin embargo, ahora, lo estás viviendo como un problema que te han creado otros, y con el que no estás de acuerdo ni en su propia naturaleza de negación de la existencia de ambos sentimientos de adhesión hacia el  territorio natal, Cataluña, y la patria común, España, ni tampoco en su manifestación de exigencia de ruptura entre ambos, para quedarte solo con la única identificación con el lugar en el que naciste, Cataluña, territorio al que te sientes unido por lazos afectivos y lingüísticos, por ser el catalán tu idioma materno. Te preguntas cómo se ha llegado a este clima de crispación, de negación de todo lo español, cuando siempre ha existido en ti un fuerte sentimiento de identificación hacia lo catalán y lo español, porque eran las dos caras de la misma moneda de tu propia identidad de ciudadano. 

Imagen de la Diada de 2012
       Ahora ese equilibrio sin fisuras, otros, lo están queriendo romper, inclinando el platillo de la balanza hacia un lado, hacia el separatismo nacionalista, caiga quien caiga, y aprovechando la mala situación económica, la debilidad del propio Estado, para realizar una secesión que, de llevarse a cabo, sería la ruina para Cataluña, y de no lograrse, lo que es a todas luces previsible, sería la vergüenza para los separatistas catalanes, alrededor de un 16% de los ciudadanos de Cataluña, que con sus exigencias y proclamas,  se aprovecharon de la celebración  de la Diada para manifestarse y utilizar  a los ciudadanos que asistían a la manifestación  pacíficamente como otros años, con tranquilidad y sin ideas separatistas algunas, para aumentar, supuestamente, el número de los manifestantes pro independencia y sumarlos así a su movimiento separatista, en un claro ejercicio antidemocrático que  os llena de estupor a los catalanes que, en una inmensa mayoría, asistís al espectáculo vergonzoso de los  separatistas entre la sorpresa, el temor al futuro si se llevara a cabo dicha independencia, ly a sensación que no os representan a vosotros, que esos no son vuestros problemas ni las prioridades que tiene ahora Cataluña. Por ese motivo, asistís, como meros espectadores con voto pero sin voz, a la manifestación de ambición política y falta de escrúpulos de un Presidente de la Generalitat que, en un acto de insolidaridad repugnante, aprovecha el mal momento que está pasando España para exigir no sólo miles de millones de euros para pagar las deudas de Cataluña, sino también que el Estado se pliegue a una reclamación independentista que choca de frente contra la Constitución y contra los principios democráticos más elementales, pues la opinión de una  minoría quiere imponerse a la mayoría amplia de catalanes que no queréis ni necesitáis sentiros más catalanes, a fuerza de dejar de ser españoles.
Artur Mas, Presidente de la Generalitat
            Como en las escuelas catalanas se ha producido el vergonzoso hecho de que se prohíba enseñar el español, lengua oficial del Estado español al que pertenece y está integrado Cataluña, la Historia que le están contando a los niños y jóvenes es la que interesa a los deseos de los nacionalistas, borrando de un plumazo los hechos históricos, la tradición y, sobre todo, la verdad y la razón.
            Por ese motivo, conviene hacer un poco de memoria y refrescar los datos históricos reales, no los inventados por los nacionalistas catalanes y sus secuaces, y decirte, amigo catalán y, por eso mismo, español, que la historia real, la verdadera, demuestra que Cataluña no está sufriendo ni ha sufrido nunca la opresión de un Estado extranjero fronterizo, como os están queriendo convencer los nacionalistas catalanes para defender así sus espúreas ambiciones políticas, aún a costa de la verdad histórica, sino que Cataluña siempre ha formado parte de España y la historia de los catalanes está indefectiblemente unida a la de los españoles, porque ambos han tenido siempre la misma nacionalidad y única que es la española.
Pero, para ello, repasemos un poco la historia y sus hechos esclarecedores entre tanta confusión y tanta mentira:
Françes Cambó
El catalanismo, como tal movimiento nacionalista, es tardío, ya que sólo a finales del siglo XIX fue cuando Francesc Cambó comenzó a predicar dicha teoría nacionalista por las tierras de Cataluña. En sus Memorias describió el ambiente con el que se encontraba y habla sobre catalanismo: “era una cosa mísera cuando, en la primavera de 1893 inicié en él mi actuación…” afirmando que al llegar a la zona del Penedés y del Vallés en las que había algún catalanista aislado, los payeses que escuchaban sus proclamas no los tomaban en serio. Josep Pla añadía también que los catalanistas eran muy pocos, añadiendo que había uno solo por cada zona y que siempre era alguien distinguido y al que consideraban un poco chalado. Esto demuestra que el concepto de que el catalanismo proviene de que Cataluña es un pueblo oprimido secularmente por España es una quimera y que la Historia de Cataluña y la de España siempre han sido la misma cosa.
En la época del Imperio romano, los romanos crearon el término de Hispania, incluyendo en sus límites a los territorios que serían llamados Cataluña en la Edad Media. Por eso Tarraco, la actual Tarragona, fue capital de una de esas Hispanias. Cuando desapareció el Imperio romano y se asentaron los visigodos crearon su dominio en un reino al que llamaron España. La primera capital de ese reino con Ataúlfo fue Barcelona, capital que fue trasladada poco después al centro de la península por motivos puramente logísticos, concretamente a Toledo. Era entonces cuando los escritores visigóticos, entre ellos San Isidoro de Sevilla, hablaban de una nación llamada España con raíces romanas y cristianas. Este concepto de España no cambió cuando la invasión musulmana del 711 que derrumbó el reino visigodo.
Para protegerse de la invasión musulmana los reyes francos se apoderaron de tierras situadas al Sur de los Pirineos a las que llamaron la Marca Hispánica y las convirtieron en una especie de territorios defensivos. Esos mismos monarcas francos sabían que esos territorios ocupados por ellos eran España y a los que se les llamaría, siglos más tarde, Cataluña.
Luís I el Piadoso (Ludovico Pío)
Fue en el año 815 cuando Ludovico Pío, rey de Aquitania y soberano de Septimania, promulgó un precepto en defensa de los habitantes del condado de Barcelona y de otros condados subalternos a aquel. En dicho texto se habla de “los españoles”, pero nunca de “los catalanes” o de la palabra Cataluña, añadiendo que muchos “españoles”, así llama a los habitantes de dichos territorios, habían huido de los abusos de los musulmanes sobre ellos y se habían retirado a Septimania o a otras partes de España que obedecían a los reyes francos.
Los condes de Barcelona, que eran vasallos del reino franco hasta 1096, tuvieron orígenes extranjeros, a excepción de la descendencia de Berenguer III que se casó con María, hija del Cid Campeador, ya que hasta ese año todos sus matrimonios se habían realizado con mujeres procedentes del Norte de los Pirineos. En el 1137, Ramón Berenguer IV contrajo matrimonio con la princesa Petronila de Aragón, rompiendo la ancestral costumbre de sus antepasados de contraer matrimonio con mujeres de fuera del territorio español. Con este matrimonio los territorios bajo el condado de Barcelona –que en ningún momento se habían llamado Cataluña ni tenían pretensión de ser una nación-, se sumaban a la corona de Aragón, pero no como una confederación catalano-aragonesa, como afirman los nacionalistas, lo que es una mentira histórica, sino por vía de matrimonio y así dichos territorios se sumaban al esfuerzo común de España por recuperar la hegemonía sobre los musulmanes.
Petronila de Aragón y Ram´´on Berenguer IV
La conciencia de ser una parte de España la han mostrado muchos monarcas que ejercieron su reinado sobre los territorios llamados hoy Cataluña, y son evidentes en afirmaciones que hicieron los propios monarcas. Así Jaime I, en el Concilio de Lyon, antes de ofrecer sus hombres y naves para emprender una cruzada afirmaba:” Barones, ya podemos marcharnos; hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España”. Este mismo monarca cuando ayudó a Alfonso X en su lucha contra los moros de Murcia también decía que lo hacía para “salvar el honor de España”. Igualmente, Pedro III afirmaba que había salvado el honor de España cuando acudió a Burdeos para luchar contra Carlos de Anjou.
Además de estos monarcas que reinaban sobre Cataluña, también pensaban lo mismo sobre la realidad de ser parte de España sus historiadores, por ejemplo, en el siglo XIV, el catalán Ribero de Perpejá escribió la Crónica de Espanya en la que señalaba como Cataluña era una parte de esa España desarbolada por la invasión musulmana pero deseosa de reunificación. Además, el gran historiador, Ramón Muntaner, reclama una política conjunta de los cuatro reyes de España y de los que afirmaba que "eran de una sola carne y una sola sangre". Por ello, los guerreros almogávares, tan catalanes, luchaban al grito de guerra “¡Aragón”, Aragón¡” y no invocando a Cataluña y esto sólo podían hacerlo porque la actual Cataluña era parte del Reino de Aragón y no una nación soberana e independiente.
            Por su parte, el autor Bernat Desclot, cuya lectura es aconsejable para desmentir todas las mentiras históricas urdidas por los nacionalistas catalanes, ha dejado muestras de ellas, por ejemplo, al hablar de la batalla de las Navas de Tolosa, de 1212, al señalar que en ella intervinieron los tres reyes de España entre los que se contaba el Rey de Aragón; al igual que al mencionar un viaje del conde de Barcelona para entrevistarse con el emperador de Alemania, se presentó ante éste afirmando:” Yo soy un conde de España al que llaman el conde de Barcelona” y ,por ello, afirma Desclot que el emperador le dijo a miembros de su séquito que : “…han venido dos caballeros de España de la tierra de Cataluña”.
Asedio a Gerona
Todo eso demuestra que los catalanes medievales tenían clara su condición de españoles, aunque esto lo nieguen actualmente los nacionalistas catalanes que tratan de convencer a sus conciudadanos y al resto de los españoles que Cataluña siempre fue una nación soberana e independiente, haciendo tabla rasa de la Historia y de la verdad.
Pues, a pesar de lo que sucede actualmente, en los siglos posteriores a los mencionados, los catalanes, a lo largo de la Historia, hicieron manifestaciones continuas y sinceras de su españolidad. Ejemplo de ello fue que los catalanes participaron en la guerra civil de principios del siglo XVIII que algunos pretender definir como un conflicto independentista catalán, aunque sólo fue una lucha dinástica entre el pretendiente austriaco frente al Borbónico, y en la que presentan a Casanova como un líder nacionalista, lo que es toda una mentira histórica más de las muchas esgrimidas por los nacionalistas.
Tercio de Monserrat
A principios del siglo XIX los catalanes también, como el resto de los españoles, resistieron el asedio francés en el Bruch y en el asedio de Gerona y no hay que olvidar que una de las más importantes heroínas contra la invasión francesa fue la catalana conocida como Agustina de Aragón. Y como el resto de los españoles combatieron en Marruecos en 1859, a las órdenes del general Prim que era catalán y desfilaron por las calles al son de Los voluntarios, una marcha que se interpretaba por primera vez. Además, los catalanes también sufrieron el desastre de Filipinas en 1898 y cuatro, de los treinta y tres soldados españoles muertos allí, eran catalanes. Y en la Historia más reciente de España, los catalanes participaron en la Guerra Civil de 1936, en la que destacó el Tercio de Monserrat que, unido al ejército nacional, tuvo un papel glorioso en la batalla del Ebro.
Por lo tanto, esto justifica y redunda en lo afirmado por Cambó y Pla cuando dicen que los primeros catalanistas de finales del siglo XIX eran pocos y, además, considerados chalados por sus convecinos. Esta mentira histórica, creada por los nacionalistas para defender la idea de que Cataluña ha sido siempre una nación independiente está fraguada, como afirma Prat de la Riba,en el odio, no en el amor. Y ese legado de odio y de mentira sobre la verdadera condición de Cataluña como parte de la nación española es la que están inoculando a las diversas generaciones que crecen con la idea de que España es un país invasor de sus territorios y, por tanto, es un país extranjero opresor. Todo aquel catalán, o ciudadano del resto de España, que no comparta esta mentira sobre la nacionalidad independiente de Cataluña es acusado de ser catalanófobo. Por ello se prohíbe, cada vez de forma más evidente y agresiva por parte de las instituciones catalanas, la enseñanza en castellano, aunque sea el idioma oficial reconocido en la Constitución para todos los españoles, aunque también la propia Carta Magna reconoce el derecho de cada Comunidad a utilizar su propia lengua vernácula.
Y este odio hacia lo español, sustentado en una mentira histórica que niegan los hechos y la verdadera Historia de España y, por ende, de Cataluña, es la que está marcando el rumbo a la política catalana en la que los derechos de unos y otros ciudadanos son diferentes según sean nacionalistas o no, porque todo aquel catalán que, por serlo, se siente igualmente español, es considerado un enemigo de ese nacionalismo nacido hace un siglo y que está sustentado en las mentiras que desvirtúan los hechos históricos para acercarlos más a la idea de Cataluña como nación que interesa tanto a los nacionalistas, demostrando la verdad que encierra el dicho de que “una mentira repetida infinitamente termina siendo verdad para quien la dice”.
Sin embargo, la verdad es otra muy distinta, le pese a quien le pese, pero quien dice la verdad es la Historia con la contundencia de los hechos y de las crónicas en las que reside esa verdad que el nacionalismo catalán intenta cambiar, negar y disfrazar de mentira para así poder vender mejor su utopía de que Cataluña ha sido y es una nación independiente.
            Por eso amigo catalán, no te dejes convencer con esos gritos independentistas en los que siempre encontrarás la falsedad, la ambición disfrazada de patriotismo utópico, y la más absoluta negación de la verdad histórica, esa que subyace en el corazón de todo pueblo, como es el español, del que una parte entrañable la han formado siempre los catalanes que, ahora, reciben, recibís, mensajes de odio, de separación, de lucha contra lo español, contra esa parte de vosotros mismos que late en cada catalán de buena voluntad que no quiere traicionar a su patria grande, España, para abrazar a su patria chica, Cataluña, porque esos odios sólo son el producto de quienes por ser más, quieren dejar de ser lo que son, que es la mejor forma para dejar de ser lo que se es y terminar siendo nada.
            Recibe mi más sincera consideración, comprensión y respeto, como la del resto de los españoles no catalanes., que es, precisamente, aquello  que te niegan los nacionalistas catalanes que son los verdaderos enemigos de Cataluña.
           

domingo, mayo 20, 2012

CCarta abierta a Palmira Díaz, una ciudadana ejemplar




                Me complace dirigirle estas líneas porque su acción merece toda la consideración y respeto por parte de los ciudadanos que aún confiamos en que la decencia, la honestidad y la honradez, tan poco frecuentes en la sociedad materialista y sin valores en la que vivimos, siempre han de ser reconocidas y elogiadas para que sirvan de ejemplo y acicate a todos.
Palmira Díaz ante su lugar de trabajo,
la estación de autobuses de Granada
            Para quienes no les diga nada su nombre, hay que decir quién es usted y cuáles han sido los actos que merecen ser alabados en su justo valor: usted es la limpiadora de la central de autobuses de Granada que encontró un bolso con ¡14.000 euros! y lo devolvió a su propietario, en un gesto que, en los tiempos que corren y con la situación actual de crisis económica, aún es más meritorio teniendo en cuenta su propia situación personal de viuda con dos hijas y un sueldo que, a todas luces, le debe resultar insuficiente, pues esa cantidad hallada es la que gana en un año de trabajo.
Fajos de euros
            Me imagino las emociones encontradas que debió tener, a las 07:05 horas de la mañana, recién iniciado su turno, al descorrer el asiento del autobús que tenía que salir a las 08:00 horas de esa mañana con dirección a Madrid, cuando realizaba su limpieza, y encontró el bolso que, al abrirlo, le ofreció su millonario contenido. Según sus propias palabras, lo cerró con nerviosismo y lo volvió a abrir para intentar aceptar que en su interior se encontraban esos enormes fajos de billetes que debieron golpearle en la retina  como un mazazo inesperado ante  la imagen de los muchos billetes que contenía y que, intuía, era una cifra exorbitante y desmesurada para quien no ha tenido nunca en sus manos tal cantidad de dinero, la que irrumpió en su tranquila jornada de trabajo, dejándole sin aliento ante la visión de su inesperada y turbadora presencia.
            Sin embargo, ha relatado que cogió el bolso, sin dudarlo un momento, porque su “conciencia” se lo dictaba, según sus propias palabras, después del inicial instante de conmoción  y sorpresa,  y se lo entregó a la encargada, quien, también, presa del nerviosismo lo entrego, a su vez, a los vigilantes de seguridad de la estación que llamaron inmediatamente a la policía a la vista de la gran suma de dinero que contenía.
            "Lo abrí y vi un fajo de billetes y me quedé muy asombrada. Lo cerré y lo volví a abrir de nuevo y llamé a mi encargada. Entonces las dos vimos que había mucho más", según ha relatado al diario Granada Hoy, entre otros  medios de comunicación que se han hecho eco de la noticia a los que ha atendido en su día libre con la generosidad que le caracteriza.
Estación de autobuses de Granada
            Al parecer, cuando llegó la patrulla de la Policía Nacional para encargarse del asunto, apareció un ciudadano chino muy agobiado para intentar recuperar el bolso que decía que se había dejado su mujer en uno de los autobuses y que pudo recuperarlo porque dentro del bolso estaba su propia documentación que lo identificaba. Explicó que la gran suma de dinero, que previamente había contado la policía, lo llevaba para invertir en un negocio, aunque no pudo agradecerle personalmente como debiera haber hecho la recuperación de tan elevada suma, porque ya se encontraba usted limpiando otro autobús, ajena ya a todo el revuelo levantado por tan honroso acto por su parte.
            "Mi conciencia no me lo permitió, y tampoco iba a poner en peligro mi puesto de trabajo. Creo que es nuestra obligación devolver aquello que nos encontramos y que no es nuestro". Sé que una de sus hijas al enterarse de lo sucedido le dijo con el ímpetu juvenil propio de su edad: "Vaya vacaciones que nos podíamos haber pegado". Naturalmente, usted le habrá explicado bien que entre su conciencia y su sentido de la responsabilidad, no puede mediar precio alguno, porque quien tiene un concepto tan alto de su propia dignidad y de honradez, no mercadea con ello, ni siquiera cuando a cambio pudiera recibir la misma suma de dinero que cobra por trabajar todo un año.
            Muchas personas que hayan leído la noticia, pensará, al igual que su hija, que su celo en el cumplimiento del deber es excesivo y que debería haberse quedado con ese dinero que alguien despistado y poco responsable dejó olvidado, porque eso no sería robar, sino apropiarse de lo que se encuentra ocasionalmente. Se olvidan de que en ese caso se trataría de una apropiación indebida y que, además, hay algo más fuerte que la obligación de todo ciudadano de cumplir las leyes y no es otro que el propio código moral inscrito en lo más profundo del ser humano que impide hacer a los demás lo que no le gustaría que nos hicieran. Naturalmente, aunque es algo sabido por todos, son muy pocos quienes lo llevan a cabo, porque en la sociedad actual es poco practicado el código ético y moral, y el propio provecho rige las conductas humanas de la amplia mayoría, aunque quien defienda esa postura si, a su vez, perdiera un bien material de poco o mucho  valor, no aceptaría ni justificaría que quien lo encontrara se apropiara de ello sin más consideraciones.
            Por todo ello, Palmira, me permito felicitarle por su ejemplar actuación que nos reconcilia a todos con el mundo, con la propia sociedad, al ver que aún existen personas que anteponen su sentido moral y ético a cualquier otra consideración, y esto es motivo suficiente para alegrarnos de que seres como usted existan y convivan en sociedad, muchas veces pasando inadvertidas, como es su caso, hasta que un hecho detonante como el que ha protagonizado los pone en evidencia y los muestra al resto de los ciudadanos, asombrados por su honradez y decencia, ésas que tanto escasean en el mundo de hoy y que, cuando se encarnan en alguien, llena a todos de estupor, asombro y admiración por representar unos valores que debieran ser comunes y habituales en esta sociedad y que, por su propia escasez y rareza, se convierte en noticia cuando alguien como usted los pone en evidencia ante todos, en un ejemplo de sencillez, coherencia e integridad moral.
            Ante el espectáculo bochornoso y diario de corrupción generalizada que padecemos, su ejemplo no debería pasar por alto y caer pronto en el olvido, porque aunque usted “ha cumplido con su deber”, también hay que recordar al ciudadano chino que olvidó el bolso con el dinero y se olvidó de usted y de agradecerle de forma adecuada la devolución de su dinero, ofreciéndole una cantidad ajustada a la que recobró, su obligación de corresponder a su acto honroso y desinteresado.
             En este caso, tanto usted como el ciudadano chino representan las dos caras de la moneda: primera, la de quien cumple con su deber y su conciencia, por su parte; y, segunda, la de quien olvida no sólo sus bienes de forma irresponsable y su obligación de custodiarlos, sino que también olvida el favor recibido y a quien se lo hizo, sin dar las gracias ni siquiera intentar averiguar quién ha sido para agradecérselo más tarde, pensando que quien lo haya hecho ha cumplido con su deber y eso nunca hay que agradecerlo ya que es una obligación, aunque sí exigiría el castigo para quien no lo cumpliera.
            De todas formas, Palmira, la vida, antes o después, le gratificará su honrosa acción y otras muchas que habrá realizado y de la que no tenemos noticia, porque aunque decía Johann W. Goethe que “Quien hace el bien desinteresadamente siempre es pagado con usura”, no hay que olvidar también lo que decía Platón: “Nada de cuanto sucede es malo para el hombre bueno”.
            Que la vida le dé todo lo  mejor que, como extraordinario ser humano que es, merece y mis mejores deseos para que no cambie nunca.
            Sinceramente.
            AnaAlejandre