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jueves, noviembre 09, 2006

Carta abierta a las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo




Os escribo como una ciudadana cualquiera para manifestaron mi adhesión y apoyo moral, uno de tantos millones que recibís de todos los españoles de buena voluntad, porque todas representáis la memoria colectiva de un pueblo que ha sido masacrado por la barbarie terrorista y ahora se encuentran ante la indiferencia de los políticos responsables hacia el recuerdo de las víctimas, el sufrimiento de sus familias y de los miles de afectados por las secuelas físicas y psíquicas que el horror deja en ellas, en vez de ser honrada su memoria y dignificada para que quede permanente en la memoria de las generaciones siguientes y así evitar cualquier tipo de claudicación o debilidad ante los causantes de tanta muerte inútil, de tanto sufrimiento y tanta desolación como ha sembrado en vuestras vidas, y en la memoria de todos los bien nacidos, la siniestra labor de esa banda de asesinos y de sus secuaces, en busca de que toda una nación se ponga de rodillas ante ella y le conceda sus disparatadas exigencias, además del perdón judicial por sus asesinatos –el mismo perdón que nunca piden a las víctimas, encarnadas en vosotras, ni al colectivo de los ciudadanos-, y, sobre todo, nunca conseguirán el olvido de su trayectoria sanguinaria en pos de una supuesta pacificación de Euskadi, hermosa tierra, a la que “sus pacificadores” han sumergido en una espiral de violencia y terror como únicos agentes desestabilizadores.

Ahora, es el momento de permanecer firmes y unidos todos los españoles de bien que no hemos perdido la dignidad, la decencia ni la memoria para que, quienes detentan el poder, no hagan concesiones a quienes sólo deben recibir el justo castigo por sus crímenes, la repulsa y el ostracismo. Es momento de fortaleza y unión entre todos los que representáis el dolor real y personal de las secuelas del terrorismo, sin importar la denominación oficial de víctimas de ETA o del “terrorismo islámico”, representadas por la Asociación de Víctimas del 11-M, denominación que engloba a las víctimas de un terrorismo disfrazado, pero manejado por la misma mano asesina, y el resto de la ciudadanía que somos potenciales víctimas también del mismo terror, de la misma barbarie.

Para ello, además de las manifestaciones convocadas por esas Asociaciones, también es necesario y recomendable que, quienes no estamos de acuerdo con “las negociaciones de la vergüenza” que se están llevando a cabo con una banda de asesinos que roban pistolas, amenazan a jueces, utilizan la kale borroka como otra arma más de presión y chantaje, mandan cartas de extorsión a los empresarios y un largo etcétera en el que e incluyen todas las formas en las que se puede ejercer el horror, manifestemos de todas las maneras posibles y legales que estén a nuestro alcance que no olvidamos ni, mucho menos, perdonamos a quienes ni están arrepentidos de los asesinatos cometidos, ni de los intentos fallidos y de los daños causados a todo el pueblo español, por lo que no vamos a consentir que obtenga trato de favor ante los Tribunales que juzgan sus delitos ni, menos aún, vamos a votar a políticos que quieren conseguir los votos de todos, a costa de lo que sea, para mantenerse en el poder aunque para ello haya que despedazar a este país llamado España y entregársela a los nacionalistas-separatistas que, respaldados por los terroristas, primero disparan éstos y, después, preguntan aquellos si queremos más de lo mismo, es decir, del terror que ellos encarnan en pos de conseguir sus oscuros designios con sus más siniestros y mortíferos métodos.

Por todo ello, vosotras, Asociaciones que representáis el dolor encarnado en un pueblo que ha sido masacrado con acciones terroristas, no tenéis que tener ninguna generosidad -como insinúan los políticos que, supuestamente, nos representan y defienden a todos-, hacia los propios causantes de vuestros sufrimientos, que son los nuestros también, ni mucho menos olvidar lo que os/nos han hecho, sino que hay que proclamar a los cuatro vientos que las únicas víctimas que existen, en este oscuro panorama que estamos viviendo, son las propias víctimas del terrorismo, sus familias y el colectivo de la ciudadanía española de bien, por lo que no vamos a consentir que se inviertan los términos, convirtiendo a los asesinos en víctimas y al pueblo vasco en moneda de cambio, ese mismo pueblo que permite, por miedo la mayoría y, los menos, por convicción, que entre su seno haya alimañas que creen que el derecho a la vida merece menos consideración y respeto que el supuesto derecho a la autodeterminación de ese mismo pueblo, aunque sea conseguido por el uso de las armas y el terrorismo, cuando lo único que determina y define a un pueblo es el respeto a las normas democráticas de convivencia y al absoluto respeto a la legalidad y al mayor de los derechos que ella respalda como es el derecho a la vida.

Los únicos culpables del “conflicto vasco” son los asesinos y terroristas que no entienden más lenguajes que el de las armas contra los que no piensan igual que ellos y, además, son los únicos enemigos de la propia nación vasca, a la que tienen secuestrada a fuerza de violencia y terror. Son a ellos a los que debería expulsar de su seno el propio pueblo vasco y, hasta que no lo haga, no alcanzará la paz a la que tanto alude la izquierda abertzale cuando defiende el uso de las armas para alcanzar la pacificación, en un alarde de cinismo a la que nos tiene tan acostumbrados, consecuencia fatal de su propia enajenación.

No hay nación, que merezca ese nombre, que pueda estar establecida y consolidada sobre un terreno regado de cadáveres y una bandera manchada de sangre inocente, por obra y gracia del uso del terror y de los políticos que, amparándose en unos acuerdos espúreos, traicionan al pueblo que representan, porque sus propios cimientos estarían nadando sobre la ignominia de unas muertes que claman justicia y reparación, pero nunca indiferencia, olvido ni perdón.

Contáis con mi respeto, adhesión y colaboración porque, como miembro de esta sociedad española, me siento partícipe de vuestros sufrimientos y de vuestra lucha en solitario para alcanzar la justicia, la reparación -sólo en lo posible, porque nada puede compensar por una vida perdida ni por una familia deshecha-, y la comprensión de todos: Jueces, Fiscales, políticos, periodistas y la sociedad española en su conjunto, para que actuemos, codo a codo, en una lucha común y compartida que haga posible que la Justicia sea aplicada a los culpables de tanto horror y así las víctimas puedan descansar en paz y las familias afectadas puedan obtener el consuelo de que sus sufrimientos no han sido burlados ni sus justas reivindicaciones desoídas.

Sabéis que la mayoría de los españoles de cualquier Comunidad, provincia o pueblo, estamos con vosotras, las diversas asociaciones de víctimas del terrorismo de cualquier denominación “oficial” que se le dé al mismo monstruo con diferentes caras, y os apoyamos en vuestro clamor para que se haga justicia y no se negocie con los asesinos de vuestros seres queridos que sólo cometieron el error de pasar por un lugar donde un coche-bomba o una pistola les iba a sesgar la vida, creyendo que vivían en un país de libertades democráticas; y el resto de los que piensan que todo vale para conseguir un fin, incluida la propia vida humana, no cuentan porque no son ciudadanos de ninguna nación, ni de ninguna “comunidad histórica” –como si hubiera alguna que no lo fuera- porque son extranjeros en todas partes, incluso de sí mismos y de su propia condición humana y, por ello, no representan a nadie, ni a nada, ya que sólo representan la imagen psicópata de unas mentes criminales que buscan cualquier excusa para matar, quizás porque no tienen agallas para matarse a sí mismos en una inmolación total y definitiva de su propia locura.

Sabéis que es una lucha larga y difícil la que os espera y para la que contáis con la ayuda moral de la mayoría del pueblo español de buena voluntad; pero la verdad siempre se abre camino y, como dijo el gran escritor y dramaturgo Bertolt Brecht: “Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse, tendrá que pasar al ataque”.

Recibid mi máxima consideración y respeto.



Ana Alejandre

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jueves, octubre 12, 2006

Carta abierta a un acosador




Te escribo a tí, acosador sin nombre, edad, sexo, ni rostro que te identifiquen, porque da igual tu identidad, sea la que fuere, porque tú encarnas, con tu trastorno de personalidad, la cobardía impotente de quien acosa a sus víctimas desde la impunidad que le da el anonimato, cuando lo hace a distancia y sin identificarse, como puede ser a través del teléfono, de los anónimos, o utilizando el sistema más fácil para los cobardes como tú, y que supone implicar a terceras personas a las que, con promesas de retribuir sus sucios servicios o, peor aún, con la amenaza velada de que si no se avienen a cumplir sus mandatos de que acosen a terceros recibirán una sanción, castigo o la retirada de remuneraciones, etc, -lo que es frecuente y aparentemente “normal”, a pesar de la anormalidad de los hechos y de quienes los mandan hacer, además de los que los ejecutan, en el mundo laboral o profesional, lo que es llamado “mobbing”; o en el mundo escolar es conocido con el término inglés de “bulling”, porque parece ser que lo que no se denomina con una palabra o locución inglesa no es “in” y, por tanto, no está de moda, sino “out”-. Estos dos tipos de acoso han producido la secuela de muchos suicidios, infantiles o de adultos, en el peor de los casos, o depresiones que arrastran las víctimas de los acosadores, esos depredadores con personalidades psicopáticas, que les ha tocado en suerte a sus víctimas padecer en el mundo laboral, estudiantil o en las relaciones personales, porque nadie, ni los directivos de empresas o de la Administración, profesores, o directores de colegios e institutos, han sabido hacer frente a esa plaga indecente del acoso, aunque a ésta se la quiera denominar eufemísticamente, en un alarde de cinismo, como “bromas” con las que se divierten “inocentemente” los malnacidos que las realizan de forma anónima e impune, y a los mercernarios que les hacen el trabajo sucio por los motivos que fueren -que siempre suele ser la ganancia fácil además de otros de naturaleza inclasificable, entre los que se cuentan el placer de intentar machacar a la víctima del acoso con la impunidad de ser sólo unos “mandados”, además de unos impresentables sinvergüenzas-. Por ello, siempre en todo acoso se puede encontrar la figura del “lider” y a los demás secuaces que son el atajo de borregos que le siguen la corriente y ¡como no! se lo pasan en grande porque es muy divertido ver despellejar al otro, o sea a la víctima propiciatoria del acoso, y sin que nadie salga perjudicado, a excepción de aquélla, porque la mierda, si se reparte entre todos, cabe a menos y, además, tienen la gratificante sensación de poder que da siempre la impunidad de los actos miserables de quienes, por dinero o alguna ganancia de cualquier clase, venderían a su propia madre.

Por eso, a tí, acosador de mierda, masculino o femenino, sólo se te puede conocer a través de tus propios actos, por la cobardía que destilas y por la hipocresía que gastas con tus propias víctimas del acoso cuando intentas salvar el tipo y quieres quedar como alguien de confianza que espera que le haga confidencias el propio destinatario de tu acoso. Es decir, intentas, de una u otra forma, acusar a terceros de tus propios actos, convirtiéndote siempre en alguien neutral y, si puedes, en el confidente de tu víctima para así rizar el rizo de tu propia indignidad de psicópata y presumir después ante tus secuaces, tus lameculos o tus compinches -lo que viene a ser todo lo mismo- de que no te ha descubierto la víctima de tu acoso. No es raro, por ello, que le hagas extrañas confidencias, en algunos casos, al acosado, nombrando a terceros como posibles autores de los hechos de los que es víctima aquel y de quien desearías convertirte en su mejor confidente.
Te gusta, especialmente, jugar a la “gallinita ciega” con tu víctima, para comprobar si ella adivina quien es el autor de los hechos o “bromas” que recibe, sin darte cuenta de que desde el primer momento quedaste al descubierto; pero no podía o no quería descubrirte, dependiendo de las circunstancias del caso y de la paciencia del acosado de la que tanto abusas -quien, por ser mejor que tú, y lo sabes, tiene hacia tí el respeto y la humanidad que a tí te faltan, hasta que un día se le acaban ambas-, mientras tú sigues queriendo demostrar no se sabe bien qué, pero lo que queda bien claro y demostrado es tu propia insania mental, tu imbecilidad congénita o ambas cosas a la vez. Tú y tus cómplices intentáis muchas veces echar una cortina de humo que sólo produce pena y, sobre todo, asco. Si tienes dudas de si te ha descubierto la víctima de turno, tú te encargas de despejarlas con tu constante y demencial insistencia en demostrar tu calaña y tu absoluta falta de juicio, lo que no quiere decir que estés loco, porque los psicópatas tenéis capacidad de raciocinio pero absoluta falta de conciencia y remordimientos.

Helena Irigoyen, famosa psiquiatra especialista en la personalidad tortuosa y enfermiza del acosador, habla precisamente de la estrategia del mismo para conseguir la confianza del acosado y derivar la culpa a terceros, precisamente de los que cuenta al acosado innumerables secretos vergonzosos, reales o inventados, que despertaría la ira de los interesados si lo supieran, y todo ello buscando despertar la confianza de la víctima que le haría, en el caso de caer en esa sucia trampa, al supuesto confidente bienintencionado, otras confidencias, que es lo que, en verdad, quiere el tiburón disfrazado de comprensivo y sincero aliado de la víctima. Naturalmente, depende del carácter, la templanza, la fortaleza y los conocimientos del acosado para caer o no en dicho señuelo que demuestra la verdadera naturaleza psicópata del acosador, o sea, de la tuya, que es a quien me dirijo sin nombre ni identificación, porque, según las estadísticas, perteneces a una raza maldita de miserables y os reproducís como ratas y, por ello, en todas partes siempre hay alguien que, como tú, tiene un profundo sentido de inferioridad, a causa de complejos físicos, psíquicos o de ambos a la vez, que te marcaron desde la infancia por las burlas que recibías, y estos complejos se exacerban sobre todo cuanto estás ante la víctima de tu acoso, porque en ella encuentras las virtudes, el temperamento y la personalidad que te gustaría tener; pero sabes que no puedes porque eres un pobre energúmeno o, simplemente, un enfermo de envidia -con independencia del puesto que ocupes en el escalafón de la empresa, porque un mierda, por mucho que suba a través de él, sigue siendo un mierda elevadoa a la enésima potencia- y también enfermo de rabia, cuando no padeces de una psicopatología acusada, que son las que te llevan a acosar a quien, para tí, es un espejo en el que se refleja, por contraste, tu propia indignidad, tu vileza y tu cobardía.

No creas que los que te secundan en tus acosos lo hacen por admiración hacia tí, respeto o amistad, sino por interés personal de conseguir algo a cambio de su vileza y, sobre todo, porque te tienen miedo, seas compañero de clase, de trabajo o, peor aún, jefe de una parcela laboral en la que tú puedes hacer mucho mal y eso lo saben por las propias órdenes que les das a cambio de unas monedas o de un destino mejor. Te conocen y te desprecian pero, sabedores de la clase de psicópata que eres, procuran aparentar ser tus aliados antes que decirte que no; eso sólo lo han hecho quienes, a su vez, se han convertido en las víctimas de tu acoso enfermizo y despreciable, al negarse a acosar a tus propios colaboradores, en un doble juego que, en psicópatas como tú, es muy frecuente, y por esa negativa de no plegarse a tus mandatos para acosar a otros, tú les haces la vida imposible, al demostrar que tienen un sentido de la propia dignidad, vergüenza y decencia que es todo lo que a ti te falta, hijo de mala madre, y a los mierdas de tus esbirros también, cuando los tienes, lo que sucede frecuentemente por la cobardía que te caracteriza.
No esperes vasallaje de tus víctimas, presentes y futuras, porque todas ellas son mejores que tú y por eso las atacas, sino el mayor de los desprecios y el deseo de llevarte ante los Tribunales y los medios de comunicación -como está sucediendo en muchas casos que muestran dichos medios-. Son esas comunicacione que tanto te gustan y por ello realizas escuchas ilegales de las comunicaciones telefónicas ajenas o de las simples conversaciones “in situ”, grabando ambas, las que se pueden convertir en tus peores enemigas, si es que no tienes la cordura y la sensatez suficiente para parar el acoso a tiempo, aunque algunos hayan sido demasiado largos ya y quienes los han sufrido no lo olviden, perdonen ni tampoco a quienes colaboraron en él, a pesar de todas las disculpas que puedan exponer para tapar su culpa y su despreciable participación. Antes o después, la víctima tendrá que recibir su correspondiente satisfacción y la justa indemnización ante un Tribunal o extrajudicialmente, porque no puedes esperar que todo esto quede impune y la institución que te ampara y que es tu coto de caza, tampoco.

No me despido de tí, acosador de pacotilla, porque tú nunca das la cara y por ello a lo que no se presentan ni identifican no se les puede saludar, a no ser para recordarles a la madre que los parió, pero si te diré que como todo cobarde que eres, seguro en la impunidad del anonimato y del poder que éste te da, y en el nombre de todas las víctimas que vas dejando por el camino, que no tienes ni media bofetada; pero no, precisamente, porque le falten ganas a los que han tenido la mala suerte de encontrarte en el trabajo o en clase y, por ese simple hecho, comienzan a recibir tu acoso, porque a más de uno le gustaría poder ponerse a tu altura moral, que es muy poca, y darte una patada en el culo; pero lo que de verdad quieren todos los acosados, sin excepción, antes o después, es ponerte a la sombra una larga temporada -aunque en este país casi nadie paga con cárcel y así nos va y las únicos que pagan son las víctimas- y que indemnices lo que has hecho, con o sin ayuda de otros, además de que quedes descubierto públicamente para vergüenza de tu familia, amigos -si es que tienes alguno-, y, sobre todo, que quede en entredicho la organización, laboral o educacional, que han cobijado tus desmanes, los han consentido y amparado para evitar un escándalo, a costa, eso sí, del sufrimiento de la víctima a la que se culpabiliza, en el mayor de los cinismos, para no tener que afrontar las consecuencias que de tales acciones se derivan y, todo ello, sarcásticamente, dentro de un Estado de Derecho en que prima la Ley, pero del más fuerte que es siempre el más corrupto.


Ana Alejandre


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lunes, septiembre 25, 2006

Presentación y bienvenida



Epistolarium intenta ser un lugar de exposición de cartas o epístolas, tal como indica su nombre, dirigidas a personas famosas o anónimas, instituciones públicas o agrupaciones y colectivos que defiendan intereses comunes y que , por el motivo que fuere, estén de plena actualidad.
El motivo por el haya creado un blog expresamente como vehículo de comunicación y exposición de este tipo de contenido epistolar es porque, buscando la claridad expositiva y la comodidad para quienes les gusta leer blogs, sabrán ,desde el primer momento, al entrar en éste cuaderno de bitácora, lo que van a encontrar, al igual que en otros temáticos de los que soy autora, así como sucede con otros muchos que existen en la red, y ello proporciona a quienes los leen y a quienes los escribimos, la posibilidad de sintetizar tanto la búsqueda para el lector, como el contenido y el medio de expresión para el autor, ahorrando así esas búsquedas monótonas y cansinas que todos hemos padecido, en las que se vaga de un lado a otro de la red, visitando innumerables blogs y webs; pero ignorando de qué tratan unos y otras y con la sensación siempre de que estamos perdiendo el tiempo entre un contenido variopinto, confuso y difuso en su catalogación.

Por ello, si buscas otro tipo de contenido bloguero que no sea el que aquí se ofrece, no podrás llamarte a engaño ni perder el tiempo en un tema que no te interesa.

Si, por el contrario te gustan leer cartas y/o escribirlas, te invito a que detengas tu navegación y leas el contenido de las que aquí se exponen porque, quizás, en ellas halles algo que pueda ser de tu interés, ya que todas ellas tratan de temas generales que a todos, de una u otra forma, nos interesan o conciernen.

Si es, por tanto, de tu agrado lo que aquí se te ofrece, te invito a que pases y leas la primera carta, porque para ello fue escrita, aunque el destinatario sea alguien, en singular o plural, distinto a tí; pero que puede compartir contigo y con muchos de nosotros las mismas cuestiones o problemas y en ellos te reconozcas.

De ti depende el aceptar la invitación o pasar de largo. Decidas lo que decidas, siempre serás bien recibido.

Cordialmente.


Ana Alejandre

Carta abierta a un inmigrante



Carta abierta a un inmigrante



Me dirijo a tí, sea cual fuere tu nacionalidad, sexo, raza, lengua o condición, porque en tí se encarna la desesperación, el sufrimiento y el desarraigo de todo inmigrante que ha abandonado su propia tierra natal, huyendo de la miseria, el hambre, la guerra o la injusticia propiciados por un mundo deshumanizado que ha convertido al planeta en una inmensa parcela propiedad de unos pocos, las grandes potencias, y ha dejado al resto de la humanidad sumida en la pobreza y en la más absoluta de las orfandades.


Da igual si llegaste a este país llamado España, tierra de promisión para muchos, a bordo de un cayuco, de una patera, en los bajos de un camión, o bajo las garras de una de las muchas mafias diseminadas por todos los continentes, por todos los países, dispuestas siempre a explotar la desesperación de muchos de sus compatriotas, vendiéndoles la promesa falaz de un paraíso en el que podrás encontrar trabajo, vivienda y una vida digna en la que la esperanza sea el norte, a cambio de una cantidad de dinero que, para alguien como tú que no tiene más que la inmensa esperanza en una vida mejor, es toda una fortuna, esa misma que pudiste reunir con la ayuda de familiares y amigos, más un sinfín de argucias, privaciones y sudores para poder pagar así ese pasaporte a la muerte que te venden a bordo de un cayuco o de una patera que puede naufragar en el Estrecho de Gibraltar o cerca de las costas canarias o, peor aún, de la que te han podido obligar a bajarte cerca de la costa, sin tener en cuenta si sabías nadar o cuál era tu estado físico, dejándote a merced de las olas, cambiando así de peligro cuando sales del alcance de los tiburones que pilotaban la nave paupérrima en la que intentabas llegar a las costas españolas.


Y es aquí, en esta tierra en la que depositaste todas tus esperanzas, donde te das cuenta de que todo lo que te habían dicho, de que todos los señuelos que te habían ofrecido para que te decidieras a dar el salto mortal de todo inmigrante sin papeles, era mentira, porque ese reclamo falso, ofertando una vida mejor y próspera en la que podrías resarcirte de un pasado misérrimo y de tantas privaciones y sufrimientos, porque en ella se cumplirían todos tus sueños, era un espejismo del que se han enriquecido los miserables que te ofrecieron el pasaje en el cayuco, el falso contrato en España en el servicio doméstico que luego resultó ser una condena a la prostitución, si eres mujer, además de la amenaza añadida de matar a tus familiares que aún viven en tu país si no pagas la deuda pendiente. Es entonces cuando te das cuenta, en ese definitivo naufragio que representa enfrentarse a la realidad si es que no has soportado otro anteriormente y has podido salir ileso de las aguas donde muchos de tus compañeros de sufrimiento naufragaron, del engaño del que eres doblemente víctima: primero, porque te has desprendido de esa cantidad de dinero, un verdadero capital para tí y tu única posibilidad de supervivencia durante unos meses y que pasará a engrosar las arcas de los canallas que siempre son los que se aprovechan de las miserias ajenas; y, segundo, porque te han quitado no sólo el dinero, sino las esperanzas que eran las que te mantuvieron un pie hasta llegar hasta tierras españolas, oasis en el que creías que te esperaba la prosperidad y un vida mejor.

Cuando te ves deambulando por las calles de Madrid, o de las tres o cuatro ciudades españolas que absorben el gran caudal humano de inmigrantes que llegan cada día a territorio español, es cuando te das cuenta de que ahora eres doblemente engañado, vulnerable y desgraciado, porque en tu tierra estabas con tus gentes, tus amigos, hablabas tu idioma y eras un ciudadano más, mientras que en España no eres nadie, porque nadie te conoce, ni te acepta porque eres un futuro y potencial peligro social, sin trabajo, sin dinero y sin documentación. No existes, simplemente, nada más que cuando arrastras tus pies por las calles madrileñas, mostrando tu rostro moreno en el que hablan tu raza bereber, tu orígenes africanos, tu mestizaje indio-español o tu ascendencia europea de cualquier país del Norte. Da igual tu procedencia, porque en un país donde no se ha entrado oficialmente por la frontera no se tiene más señas de identidad que el propio sufrimiento que te ha ltraído hasta tierras lejanas y extrañas en las que te sientes doblemente extranjero: ante los naturales del país que te miran con desconfianza y recelo, y ante tí mismo porque no entiendes qué demonios haces en un lugar donde no sólo no encuentras esa vida próspera de la que te hablaron, sino que ni siquiera te encuentras a tí mismo, perdido entre tu soledad, tu desarraigo y tu convicción, cada día más acentuada, de que ninguna tierra es mejor que la tuya aunque allí te murieras de hambre y de falta de horizontes, pero arropado por los tuyos, y aquí, en este paraíso prometido y fallido, te mueres de miseria, de pena y de soledad.


No quiero aconsejarte nada, porque nadie puede aconsejar desde la satisfacción de un estómago lleno y una vida confortable, pero sí te digo que avises a todos tus compatriotas para que no se dejen engañar como tú y no intenten venir a una tierra en la que no van a encontrar nada más que la misma explotación de la que intentan huir; pero aquí la sufrirán por parte de empresarios sin escrúpulos que prefieren contratar a trabajadores irregulares y sin papeles, sin garantías ni derechos, No dejes que otros desgraciados corran tu misma suerte, avísales para que tu propia experiencia personal de desilusión y fracaso ante una realidad hostil que mata tus sueños y la de todos los inmigrantes ilegales, sirva para evitar más sufrimientos.

No esperes ayuda de nada ni de nadie, porque este Gobierno que prometió “papeles para todos” mira para otra parte y lo único que dice ahora es que el tema de la inmigración se ha desbordado y la UE también niega cualquier posibilidad de ayuda a España porque afirma que no tiene fondos y que es culpa de este Gobierno haber hecho una publicidad nefasta en este tema, prometiendo lo que, sabía, era imposible cumplir.


La única ayuda solidaria es la que podéis daros unos a otros, inmigrantes con sueños y esperanzas siempre fallidos. Decid la verdad a vuestros familiares y amigos, ésa será la única forma de que muchos intenten luchar en sus países contra la explotación y la miseria, antes que intentar emigrar para hacerlo en otras tierras lejanas en las que lo único que les espera, de verdad, es la confirmación de que no existen más paraísos por conquistar que no estén siendo ya explotados por las mafias, las multinacionales, los empresarios sin escrúpulos y los políticos corruptos; pero siempre a costa del esfuerzo, el hambre y la desesperación de gentes como vosotros, a los que hace demasiado tiempo que la vida les reta, continuamente y sin descanso, a un duelo mortal de toda esperanza.



Ana Alejandre



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