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lunes, septiembre 21, 2015

Carta a un empresario



Estimado empresario:

            Sé que no corren buenos tiempos para esa arriesgada profesión  tuya en la que se ganan más enemigos que amigos y, sobre todo, en estos tiempos de crisis. Me estoy refiriendo en todo momento a ti, empresario singular que sirve de ejemplo de todos los empresarios, gran mayoría, que van desde el autónomo hasta el gran empresario, que respetan las leyes y los derechos del prójimo, sea este trabajador, cliente u otro empresario; pues pensar lo contrario también llevaría al absurdo de aceptar que todos los trabajadores, por el hecho de serlo, son poco fiables, nada cumplidores de sus obligaciones, e intentan engañar a siempre a la empresa que los contrate. Idea inaceptable en ambos casos, porque las generalizaciones son absurdas y poco veraces, pues obedecen a prejuicios e ideas preconcebidas que hacen más cómodo y fácil manejar los conceptos e ideas con clichés establecidos y estereotipados, pero completamente falsos
            Para muchos, especialmente entre los trabajadores en general, los sindicalistas y los representantes de esa izquierda radical tan contraria a la propiedad privada y al capital –sólo  si son de propiedad ajena, no a la suya propia que esa sí que es siempre legítima-, tú, como empresario, representas un enemigo social, un buitre carroñero que sólo buscas el beneficio propio en detrimento del de los trabajadores que son, algo así, como esclavos a tu servicio.
            Después del esfuerzo, gran  iniciativa, asunción de los riegos económicos que conlleva fundar una empresa por pequeña que sea, coraje, capacidad organizativa y trabajo que ello supone, no sólo no recibes ningún tipo de consideración, estima ni comprensión de la labor  social que haces –no hay que olvidar que eres quien creas empleo-, sino que eres un símbolo del atroz capitalismo que padecen las sociedades occidentales modernas y, por lo tanto, eres culpable de colaborar, sólo por  la creación y gestión de tu empresa, con la explotación que el sistema lleva ejerciendo sobre los ciudadanos de cualquier país desarrollado o, más aún, en vías de desarrollo.
            Vamos que eres algo así como un bandolero, pero sin trabuco ni manta al hombro que, en vez de ir por los caminos para asaltar y robar a los viajeros que transiten por él, haces tus latrocinios sentado cómodamente –la comodidad y el relajo están asociadas sine que non a tu condición de empresario, en el sentir general-, a la mesa de tu despacho y, a modo de trabuco, utilizas una estilográfica o bolígrafo para plasmar tu firma sobre el contrato de trabajo, explotador y abusivo como corresponde a tu condición de animal carroñero, o cualquier otro contrato mercantil en el que tú, o sea, tu empresa, siempre sales ganando a costa de la otra parte que se deja engañar, estafar y desplumar, como cualquier ave de corral antes de echarla a la cazuela, sirviéndote siempre de malas artes que son consustanciales a tu idiosincrasia desde que tuviste la idea de hacerte empresario. Es decir, tu deseo legítimo de ganar dinero de forma legal con tu empresa se considera poco ético porque se presupone que lo intentas de forma ilícita y abusiva, pero  no sucede igual con el mismo propósito del trabajador por cuenta ajena de ganar lo más posible con su trabajo, porque es aceptado como algo legítimo y deseable, lo que, además de ser contradictorio e ilógico, genera siempre una connotación negativa e injusta a  tu condición de empresario.
            Naturalmente, tus noches de insomnio son desconocidas por todos porque sólo las conoce tu mujer, si estás casado, porque pasas las noches en vela pensando si las cuentas cuadrarán en el trimestre, si los pedidos que recibes podrán ser atendidos en tiempo y forma, y no se llegue a interrumpe el plazo dado a tus clientes por cualquier desajuste en la plantilla, la convocatoria de una huelga, la enfermedad de unos cuantos de los trabajadores aquejados por un virus gripal, la maternidad de  algunas de las trabajadoras, cuyas bajas tendrás que cubrir provisionalmente con otras contratadas ad hoc –sabiendo la mala prensa que tienen los contratos provisionales entre los trabajadores y los sindicatos-, o el retraso en el suministro de materias primas por parte de las empresas contratadas al efecto. Todo ello te hace sentirte impotente por no poder controlar  tantos factores que pueden hacer que pierdas el contrato tan importante para tu empresa que firmaste hace unos meses, o tener que  pagar a tus clientes con grandes sumas de dinero a modo de indemnización por demora -lo que ya ha sucedido en algunas ocasiones, especialmente en estos años anteriores de crisis profunda, cuando los plazos de entrega no pudiste cumplirlos porque tus suministros no llegaban ya que muchas empresas cerraban y tenías que buscar desesperadamente otras que te proporcionaran las materias primas necesarias-. Eso te supuso pérdidas importantes que te obligó a despedir a algunos de los trabajadores porque no tenían ya labor que hacer, al bajar el número de pedidos, o porque no podías pagar su sueldo mes tras mes, si no querías declararte en bancarrota y cerrar la empresa con el consiguiente despido de toda la plantilla. Y siempre teniendo que cumplir con el pago de los Impuestos que eran otras de tus pesadillas, y el cumplimiento de las leyes laborales porque la Seguridad Social te mira con lupa como a todo el gremio empresarial.
            Todos estos problemas no suelen verlos quienes trabajan para ti porque bastante ocupados  están en realizar su trabajo y procurar que el contrato que tienen firmado con tu empresa no finalice y tengan que pasar a la cola del paro, lo que en estos años es un problema peliagudo y trágico, sin duda alguna. Además, es una creencia general que los problemas sólo los tienen los trabajadores que son quienes cobran un sueldo, siempre bajo a su juicio, porque los empresarios tenéis siempre un capital –declarado o no, lo que importa poco a tus detractores-, y tus problemas sólo radican en procurar multiplicar tus ganancias y dividir los costes de producción a costa de los asalariados, como es normal en todo empresario con alma de corsario como es tu caso y el de todos tus colegas, a juicio de la mayoría de la gente.
            Pocos se paran a pensar que tú trabajas en la misma empresa que tus empleados y que dedicas muchas más horas, como todo capitán de barco que se precie, porque si el barco naufraga y el barco/empresa se va a pique.  el último en saltar a un  bote salvavidas –llamémosle subsidio de desempleo-, eres tú como comandante de esa nave/empresa que eres; aunque, muchas veces, cuando el agua te llega al cuello y estás a punto de perecer, ya no hay bote salvavidas a la vista, porque los empresarios naufragados no cobráis el seguro de desempleo que está destinado a los trabajadores por cuenta ajena; además de tener que veros obligados a declararos en quiebra y entrar en un proceso concursal en el que podéis perder la empresa y, muchas veces, la propia vida personal que se ve arrastrada por la marea de la ruina económica y familiar.
            Naturalmente, hay empresarios millonarios, dueños de verdaderos emporios, cuyos nombres están en la mente de todos, pero es curioso que ninguno de ellos ha sido nunca reacio al trabajo, sino que su imperio empresarial se debe a su esfuerzo, tesón, capacidad de lucha y de resistencia a los momentos malos y, sin duda, a la suerte que le ha acompañado en su labor empresarial. Esa fortuna que han conseguido reunir se revierte después a la sociedad en forma de creación de fundaciones, bibliotecas , universidades, colegios, hospitales, donaciones a oneges diversas y un largo etcétera.
            Toda la sociedad demanda la creación de puestos de trabajo, porque el trabajo es un derecho fundamental del ser humano para poder sobrevivir; pero se da la gran paradoja de que, mientras se pide y exige trabajo para millones de personas que están desempleadas y viviendo una gran tragedia, se ataca a la figura del empresario por considerarla nociva, por ser un símbolo del capitalismo explotador. Habría que preguntarse, si desapareciera la figura del empresario de la faz de la tierra para evitar la supuesta explotación a la que somete a los trabajadores, quién crearía esos puestos de trabajo demandados si no hubiera capital privado y organizado en forma de empresas y con empresarios a la cabeza, para dirigirlas. El Estado no podría llevarlo a cabo, sustituyendo a los empresarios privados, porque la hacienda pública no recaudaría los impuestos que pagan las empresas y trabajadores, ya que desaparecidas unas, desparecerían obligatoriamente los otros; y, si el Estado se tuviera que movilizar para crear los bienes y servicios que ofertan las empresas, tendrían que constituirse de forma mercantil y autónoma, por lo que ocuparían el lugar de los empresarios con los mismos males, fallos e inconvenientes de los que ahora  os acusan a quienes lo sois y ejercéis de ello. No hay que olvidar a los países con regímenes de izquierdas (cuba, Venezuela, Grecia, etc.,) y su desastroso presente sin futuro, lo que sucede siempre cuando el Estado quiere  ejercer conjuntamente todas las funciones públicas y privadas, llevando a los países a la ruina, la desesperación y el desastre económico y social.
            La actitud contradictoria de una sociedad que demanda un nivel de vida capaz de satisfacer sus necesidades de bienes y servicios, puestos de trabajo  bien remunerados y un nivel de bienestar como nunca se había conocido en la historia, hace que la figura del empresario esté siempre bajo sospecha de ser un enemigo a eliminar de esa misma sociedad en la que interactúa creando riqueza, puestos de trabajo y ofreciendo esos bienes de consumo  que la sociedad solicita; aunque esta misma sociedad parece que  todo esos  derechos, y bienes los prefiere recibir del cielo, como el maná bíblico, sin agentes intermediarios como  sois tú y tus colegas, en una extraña actitud de negación y rechazo del mensajero, al que se desea eliminar a toda costa, pero sin renunciar a seguir recibiendo el mensaje sin ningún tipo de contratiempos, retrasos o dificultades.
            Por eso, amigo empresario,  te comprendo -aunque yo no lo soy ni lo he sido nunca-,  pero veo en ti la lucha esforzada para hacer realidad tu sueño, a pesar de todos los obstáculos que encuentras en tu difícil camino de llevar a buen fin una empresa, para lo que arriesgas tu fortuna personal –casi siempre a costa de créditos-, tu tiempo, tus sinsabores, tus problemas nunca compartidos con los demás, ni siquiera con quienes trabajan para tu empresa, y tu angustia de llevar a buen puerto a ese barco en el que viajan otras personas, otras vidas, de las que te sientes responsable, porque sólo quieres llegar al fin de la travesía, a pesar de las tormentas que encontrarás en  tu siempre peligrosa navegación por el proceloso mar de una sociedad que quiere y demanda trabajo, bienestar y prosperidad, pero olvidando que para llegar a ese anhelado puerto tiene que haber siempre un piloto/empresario que, antes, haga de armador del buque/empresa y, después, gobierne el barco en el que navegar para poder salvarse todos o, peor aún, hundirse juntos en un siempre temido naufragio .
            Mucho ánimo,, suerte y valor en tu esforzada navegación empresarial, tan incomprendida y poco valorada por quienes, desde tierra, intentan marcar el rumbo de los barcos que navegan, en un juego peligroso para todos, porque quienes lleváis el timón sois quienes tenéis valor para haceros a la mar sin tener a mano siempre un salvavidas,  especialmente en estos tiempos de temporal en forma de crisis económica.,
            Por último, te recuerdo, para momentos de desánimo, la frase de Winston Churchill: "El éxito es la habilidad de ir de fracaso en fracaso sin llegar a perder el entusiasmo".
            Sinceramente.
           

            

martes, marzo 24, 2015

Carta abierta a un/a imbécil




                               











Disfruta el día hasta que un imbécil te lo arruine.
 (Woody Allen)

            Me dirijo a ti, imbécil, femenino o masculino, si, aunque no figure tu nombre ni rostro, porque  sois muchos y muchas en tu, llamémosle, numeroso  colectivo, o sea, agrupación de desconocidos -generalmente-, entre sí que se dedican a demostrar a todas horas  que son imbéciles por sus acciones, palabras, actitudes y demás galería de disparates que ponen en evidencia vuestra imbecilidad congénita y vuestra ausencia del más mínimo respeto a los demás y falta de dignidad propia. Quien no se respeta a sí mismo y no le importa demostrar su  auténtica naturaleza de imbécil, no puede respetar a los demás a los que, paradójicamente, suele considerar que son los realmente estúpidos, inocentes, o "pardillos", a quienes hay que provocar continuamente para ver y divertirse con sus reacciones.
         Eres siempre el/la que da la nota en cualquier lugar, haciendo comentarios inoportunos, preguntas impertinentes, contando chistes sin gracia y que hacen sonrojar o irritan a quien los escucha por su manifiesta inoportunidad, zafiedad o inconveniencia; riéndote sin ninguna contención en ceremonias, actos públicos o circunstancias en las que la risa está fuera de lugar por un mínimo de respeto al prójimo, como pueden ser funerales,  ceremonias religiosas, actos solemnes y un largo etcétera que está en la mente de todos. Eres el/l que gasta bromas estúpidas, hirientes, malintencionadas y procurando implicar a terceros a los que convences de que son bromas inocentes y a los que prometes algo a cambio -aunque no estés dispuesto/a a cumplir tu promesa-, para que el otro imbécil que te hace caso colabore de buena gana en tu broma supuesta e infamia cierta.
          Eres el/la que siempre presume de orígenes ilustres -cuando provienes de una familia modesta y por eso ocultas tu lugar de nacimiento-; o que tienes amistades poderosas, influyentes o famosas que sólo existen en tu fantasía, en la que vives una realidad que está sólo en tu imaginación calenturienta y  tu capacidad de mentir a la que recurres para poder epatar a quienes consideras inferiores -es decir, todo el género humano a excepción de tus más íntimos allegados, y no siempre-, y a los que crees que puedes contarle  tus absurdas invenciones como si fueran una verdad absoluta y a las que nadie puede objetar porque tienen que creerte a pie juntillas, aunque no des más pruebas de lo que afirmas  que tu palabra de imbécil.
            Las formas de manifestar tu imbecilidad son muchas y variadas: unas veces dices que has asistido a homenajes, funerales, etc., de personas famosas a las que llamas buenos amigos y a quienes sólo conocías por la prensa o las has visto desde lejos en un acto público, incluso inventando o equivocando el lugar donde se produjo dicho acto. Al igual que afirmas, en otras ocasiones, que has sido invitado a bodas de famosos a quienes no conoces, sin dar más prueba de ello que cuatro detalles que han salido publicados en la prensa y que te has aprendido de memoria para demostrar que "has estado allí". Cuando no ofreces recomendaciones ficticias para conseguir un empleo, una beca, una plaza en una oposición, una colaboración, una exposición, un premio, etc., para que quien recibe ese ofrecimiento fantasma crea que eres una persona muy importante y bien relacionada. Naturalmente, quien es así recomendado, ni consigue el empleo, ni la oposición, beca, colaboración, premio, o cualquiera otra cosa que estuviera en juego, porque todo ha sido una patraña, cuando no una trampa, para que el ilusionado recomendado, cuando llegue la hora de la verdad, se encuentre con un no rotundo, o se le pide algo a cambio -en otras ocasiones- de lo que no se le había hablado, si  es que, en verdad, quien "recomienda" -el imbécil en cuestión-,  conoce a quien tiene que dar lo prometido al recomendado, porque el favor no se le iba a hacer a  este último, sino a quien tenía que recibirlo en nombre de su buen amigo que recomienda; y así consigue el dador del beneficio en cuestión -en un trueque improvisado y que no estaba en el programa-, algún servicio, trabajo, favor, etc., del recomendado, si es que éste quiere conseguir lo prometido, aceptando las exigencias que se le hacen en el último momento.
          Por supuesto, como piensas que todo el mundo se tiene que creer tus fantasmadas, imbécil, con la absurda seguridad de todo vanidoso/a, no te planteas nunca que te puedan descubrir quienes te conocen y saben de tus artimañas, porque a un imbécil mentiroso es fácil cogerlo por los fallos, lagunas, contradicciones y ambigüedades  que comete en su continua exposición de "grandezas", de talentos artísticos inexistentes  que despiertan hilaridad en quienes te oyen presumir de ellos, o de amistades famosas con quienes tienes un trato íntimo y prolongado, según manifiestas, y deudas impagables con personajes  a quienes no has conocido siquiera; o presumes de los bienes cuantiosos que posees, títulos académicos imaginarios, puestos laborales siempre de primera fila -y callas que te echan de todas partes-; o bien haces gala de parientes ilustres, conocimientos que no tienes y vergüenza que perdiste hace mucho tiempo. 
        Toda esa parafernalia que exhibes con total falta de pudor y sin temer que te puedan descubrir en tu falacia, porque siempre crees, en tu vanidad de imbécil, que tu inteligencia superior te hará salir bien de cualquier apuro, de cualquier momento en el que sea descubierta tu impostura, tu mentira y tus alardes de una superioridad intelectual, social, académica, física, o laboral que sólo existe en tu mente, en la que luchas continuamente con tu propia sensación de fracasado, de don nadie, de incompetente, de persona mediocre  y gris que te hace adoptar ese papel de prepotente y vacuo, por lo que sólo te hace falta decir a quien  te escucha: "Trátame como un igual; pero no olvides que soy superior". Mientras, el interlocutor te oye hablar entre la incredulidad, el asombro y la irritación ante tantas autoalabanzas  de  tu talento imaginario y lecciones continuas  en cualquier disciplina o arte, tu pedantería insoportable -precisamente porque no tienes talento, ya que eres imbécil-, o mentiras absurdas e inverosímiles en un constante, repetitivo y cansino suma y sigue.. 
         Viene a cuento lo que le sucedió al científico don Santiago Ramón y Cajal, durante un trayecto en tren que hacía en aquellos años en los que los trenes eran de carbón y existían compartimentos  aislados unos de otros. En una determinada estación, se subió al tren y entró en su compartimento un viajero que saludó cortésmente a Ramón y Cajal y, después de colocar su equipaje, se sentó e iniciaron una charla por ser los dos únicos  ocupantes del compartimento. El recién llegado empezó a hablarle al científico -al que no había reconocido porque entonces no se conocían los rostros de los famosos como ahora que salen continuamente en los medios de comunicación-, de las muchas amistades que tenía entre  las distintas personalidades famosas de la época. Ramón y Cajal escuchaba el interminable parloteo de aquel hombre que hablaba de los descubrimientos científicos que habían sido noticias en los últimos días, y daba su opinión ante el asombrado  histólogo que le escuchaba sin interrumpirle a pesar de los disparates que decía su compañero de viaje, por eso de que la educación y el respeto al prójimo está siempre unida a la superioridad intelectual y moral de un ser humano.
      El viajero parlanchín le decía que todos los datos que ofrecía sobre esos temas científicos de los que hablaba se los había oído decir a su íntimo amigo, el Premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal. El científico le escuchaba entre el estupor y la irritación, ante la ignorancia mostrada por su compañero de viaje y la osadía de citarle a él como el autor de los disparates que el buen hombre iba diciendo. Cuando llegaron al destino de ambos que era la última estación, el viajero cuentista y fantasmón, sacó una cartera de mano, de ella extrajo una tarjeta de visita y se la ofreció al científico muy ceremoniosamente diciéndole.: "Me encantaría que si en algún momento quisiera visitar mi ciudad, volviéramos a vernos y charlar un rato sobre estos temas científicos que he comprobado que a usted también le interesan. Mi nombre es Fulano de Tal, fabricante de tejidos en tal ciudad X. Estaré encantado de invitarle a probar los excelentes caldos que tengo en mi bodega ". Ramón y Cajal, tranquilamente, cogió la tarjeta y estrechándole la mano al hombre, le respondió: "Ha sido un placer conocerle y oírle porque he aprendido mucho de usted en este viaje. Mi nombre es Santiago Ramón y Cajal, histólogo y Premio Nobel de Medicina. Aquí tiene mi tarjeta para que podamos seguir  cultivando la estrecha amistad que mantenemos desde hace tanto tiempo, aunque no podré invitarle a mi bodega personal porque soy únicamente un pobre científico". Naturalmente, el otro viajero se quedó callado definitivamente, mudo de asombro y vergüenza.
        Por eso, imbécil, supuesto amigo de famosos, caradura sin paliativos, siempre te atreves a hacer lo que cualquier persona normal y sensata no haría por las consecuencias que pueda tener. Un ejemplo de ello, es la usurpación de personalidad de  una tercera persona -o aunque dé su consentimiento, en ocasiones, para seguirte la broma que según tú vas a gastar a un tercero-,  de quien el imbécil está usando su nombre y haciéndose pasar por el suplantado. Lo haces en las redes sociales, en las que muchos famosos reales han tenido que denunciar el uso fraudulento de su nombre por parte de algún otro imbécil  que intenta así llamar la atención de cualquier incauto que se crea  que es el famoso de turno -porque  el imbécil por sí mismo no es capaz de despertar la más mínima atención-, y empieza así a propalar rumores, dar opiniones sobre terceras personas, o comentar supuestos hechos del famoso suplantado que muchas veces dañan el nombre y el prestigio de este último que tiene que recurrir a la denuncia correspondiente. Si  el atrevimiento llega a usurpar la identidad de un famoso con el peligro que ello conlleva por los muchos seguidores que tiene en las redes y es fácil ser detectado, mucho más se atreve con personas anónimas -eso sí sin poner nunca foto en el perfil falso que crea en las redes sociales-, porque el nombre de dos personas puede coincidir, pero la cara es imposible.
     El imbécil, o seas, tú, que siempre eres osado por mentecato, mandas correos electrónicos en nombre de terceras personas, muchas veces con bromas de mal gusto, para ver si el destinatario se cree que el supuesto remitente le ha escrito, sea un personaje conocido o no, intentando crear así la duda en quien recibe el mensaje de si esa persona    -en el caso de que exista y conozca-, que es  la suplantada, le ha podido enviar un  email que le parece inconcebible que haya escrito, poniendo así en peligro la amistad o relación existente entre ambas. Cuando no, se inventa un personaje ficticio y comienza a bombardear a la víctima de dicha correspondencia con todo tipo de mensajes con contenido variopinto que demuestran la insania mental del/la imbécil que quiere demostrarse que es más listo que nadie -porque tiene un complejo de inferioridad manifiesto que le genera ese deseo constante y enfermizo de poner a prueba alguien a quien envidia para demostrarse a sí mismo que  le puede engañar y hacer creer lo que quiera- y, por ello, intenta tener "en ascuas" a quien es el destinatario de sus demostraciones de  imbecilidad para ver cómo reacciona y qué hace.
          Naturalmente, todo tiene un límite y la paciencia también, por eso, quien tiene la mala suerte de tropezarse con un/a imbécil, o sea, tu congénere, cuando descubre su verdadera naturaleza, lo mejor que puede hacer es apartarse de su camino o, si corresponde, poner la denuncia correspondiente cuando el imbécil traspasa límites intolerables. Lo que sí puede tener seguro es que el imbécil no cambiará nunca. La imbecilidad va en sus genes, unida a sus frustraciones, a su mediocridad, a su propia sensación de fracaso, a su falta de ética y a la ausencia del más mínimo sentido de autocrítica que le advierta que está haciendo el más absoluto ridículo y que corre un gran peligro cuando infringe la ley.  
            Como, desgraciadamente, abundáis mucho, algunos  imbéciles buscáis el apoyo de otros semejantes -por eso que dice que la unión hace la fuerza-, en una simbiosis en la que el que tiene menos que perder, o más que ganar, hace el trabajo sucio o da la cara, porque en ambos existe la misma falta de escrúpulos, la misma vanidad y prepotencia que tenéis en común y por ello os reconocéis rápidamente. El imbécil, solo o acompañado, no deja de mostrar nunca que la imbecilidad no tiene cura porque siempre subyace debajo y la nutre la más absoluta inferioridad, mediocridad y envidia.
          Por eso, imbécil, si quieres un consejo, procura no demostrar demasiado que lo eres, aunque sólo sea para que quienes ya te conocen no terminen despreciándote aún más; y quien aún no sabe de tu imbecilidad no empiece a sospecharla demasiado pronto. Sólo hasta que no te conocen, imbécil, tienes cancha porque, a partir de entonces, juegas tú sólo/a.
     Recuerda otra frase del genial Woody Allen: "La ventaja de ser inteligente es que se puede fingir ser imbécil, mientras que al revés es imposible".

            Atentamente.

martes, marzo 04, 2014

Carta abierta a un suicida



                
Me dirijo a ti, hombre o mujer que has sobrevivido a un intento de suicidio o está pensando en llevarlo a cabo por primera vez -aunque el género masculino  se alza con el triste récord de ser el que más utiliza este trágico método para dejar este mundo, con un 77%, contra el 23% protagonizado por las mujeres, según datos de 2012 de suicidios cometidos en España-, para hacerte una serie de reflexiones, si me lo permites y no estás tan inmerso en tu angustia y desesperación que  te impide pensar en otra cosa que no sea la de poner fin a tu vida de una vez por toda y dejar de sufrir la desesperación que te anega.
            Comprendo que es difícil, para quienes no atravesamos esa crisis existencial que no deja ver otra salida que el suicidio, poder ponerse en tu piel y llegar a sentir tal angustia y desesperación en las que tú estás viviendo día a día, pues nadie que es medianamente feliz -o a ratos fugaces, como sólo se puede ser en esta vida-, puede querer adelantar su tránsito de este mundo al otro por la falsa puerta del suicidio. Y digo que es falsa porque podemos estar seguros de que de esa forma se pone fin a la vida, al ser, pero no tenemos la completa certeza de lo que nos aguarda en la otra orilla de la vida que es la muerte. Para los creyentes existe otra vida después de esta terrenal; pero para los no creyentes  no existe nada más y, muriendo, se acabó todo. Como ambas posturas son simples creencias, sin que se haya podido demostrar la validez de ninguna de ellas -aunque los partidarios de una u otra las creen a pie juntillas-, cabe la posibilidad de que, quien intenta suicidarse para acabar con sus sufrimientos, pueda caer en otra dimensión en la que siga padeciendo por haber tomado esa terrible decisión de una forma que nos resulte inimaginable en esta otra.
            Ante esa incógnita que representa la muerte y lo que hay más allá -si lo hubiera-, habría que decir que quien desea morir, como es tu caso, quiere hacerlo no por apego a la muerte, sino por miedo a la vida, como decía Lope de Vega "Quien desea morir, teme a la vida". Es decir, se elige el opuesto a lo que hace daño, a lo que tortura en esta vida, porque se huye del dolor, aunque sin que se desee el encuentro con la muerte más que como forma de salir de una existencia que duele. La muerte se convierte así en una aliada, y la vida en una feroz enemiga. Entre dos males el suicida elige el que cree menor, pero dentro de la oscuridad que le envuelve en los terribles momentos en los que elige morir, aunque sin saber qué le espera al otro lado de esto que llamamos vida.
            El suicida lo que intenta hacer no es similar a lo que hace quien salta desde una gran altura, para huir de las llamas que le rodean en un edificio que arde. Entre dos tipos de muerte segura, prefiere la menos dolorosa y más rápida. El suicida entre  la vida y  la muerte,  elige la segunda para huir del sufrimiento de vivir, porque cree que es la única forma de dejar de hacerlo intentando cambiar la vida-muerte que padece por la muerte a secas.
            El suicidio se conoce desde épocas muy  tempranas de la civilización occidental, pues ya en la Europa antigua, especialmente en la Roma imperial, el suicidio se consideraba como un acto honroso y no se condenaba. Por ello, los antiguos romanos, influenciados por los filósofos estoicos, reconocían muchas causas lícitas para llevarlo a cabo. Séneca, lo reconocía como el último y legítimo acto de una persona libre.
            Desde que el cristianismo se expandió, el suicidio se considera un pecado, y fue objeto de debate en varios concilios de la Iglesia que condenaron su práctica y se decretaron disposiciones para que a los que cometieran suicidio se les negara los rituales ordinarios de la Iglesia en sus funerales. También, la Iglesia Romana Católica durante la Edad Media reiteró la condena expresa de esta forma voluntaria de morir, lo que provocaba la confiscación de todos los bienes del suicida y su cadáver sufría toda clase de vejaciones. Este rechazo expreso del suicidio sigue estando vigente en las religiones cristiana, judía e islámica.
            Fue en la última década del siglo XIX, concretamente en 1897, cuando Émile Durkheim (1858-1917), teórico francés y uno de los mayores exponentes de la sociología moderna, afirmó que el suicidio era más un fenómeno sociológico que un acto individual. Afirmaba que su causa era una mala adaptación al entorno y una falta de integración social del individuo suicida.
            También clasificó el suicidio en cuatro tipos: egoísta, altruista, anómico y fatalista, y cada uno de ellos era consecuencia de ciertas condiciones sociales. Por ello, el suicidio egoísta es consecuencia de una muy débil integración social y el altruista, en cambio, es de una fortísima integración del individuo que le puede llevar a inmolar su vida en beneficio de la comunidad.
            Por otra parte, el suicidio anómico y el fatalista vienen asociados a una débil regulación por parte de la sociedad, el primero; mientras que el segundo está provocado por una excesiva regulación social, de lo que puede ser ejemplo una sociedad como la japonesa, país en el que hay  un gran porcentaje de suicidios, cuya tasa se ha elevado en 2012 en un sobrecogedor 20%.
            Desgraciadamente, en el mundo muere una persona por suicidio cada 40 segundos, según informe de la Organización Mundial de la Salud, y la cifra asciende hasta el millón de personas que mueren anualmente en el mundo por dicha causa. Además, la escalofriante cifra de  veinte millones de tentativas de suicidios al año es lo suficientemente esclarecedora de la magnitud de este grave problema que aumenta por momentos, ya que en los últimos años ha aumentado un 60%, según la OMS. Además, dicha organización afirma que, según los datos con los que cuenta, un 5% de la población mundial intentará, al menos una vez en su vida, suicidarse.
            Lo extraño es que los países considerados como "más felices", en términos de prosperidad y calidad de vida, son aquellos que muestran mayor tasa de suicidio en comparación con los de menor calidad de vida o considerados "menos felices", en una extraña paradoja que los especialistas tratan de justificar en que las personas desdichadas que viven rodeadas de un entorno aparentemente feliz, son más propensas a suicidarse por dicho motivo, ya que se sienten ajenas a dicha felicidad o bienestar que las rodea. Por eso, los países con mayores problemas de carencias básicas o pocos desarrollados, son los que tienen menos índices de suicidios, ya que la búsqueda de recursos para sobrevivir en un entorno poco favorecido en el que todos los ciudadanos tienen un nivel similar de vida y de problemas, hace que disminuya el deseo de morir.
            Los países del Este de Europa como Lituania y Rusia son los que tienen una mayor tasa de suicidio, y el resto de Europa, Estados Unidos, Perú, Colombia, Brasil y Méjico están en el medio de la lista, siendo los países de América central y del Sur, los que menor tasa tienen. En cuanto a            África y Asia no existen estadísticas al respecto.
            Pero a ti, suicida potencial, no te interesan las estadísticas, sino la explicación a esa pulsión de muerte que sientes tan intensamente, tengas o no motivos objetivos para desearla. Pues, bien, la mayoría de los expertos sociales, opinan que el suicidio es una manifestación de la complejidad humana, en la que intervienen diferentes causas: biológicas, psicológicas y sociales. La psiquiatría he demostrado, sin lugar a duda, de que en los casos que han sido estudiados siempre existe un factor depresivo intenso. También, otras opiniones científicas afirman que hay personas que biológicamente están más propensas a las depresiones y, por ello, al suicidio.
            Además, los psicólogos y sociólogos afirman que hay otras muchas causas o factores determinantes del suicidio, como son influencias personales y situacionales que pueden incitar al suicidio. Entre éstas se pueden citar la pérdida de seres queridos; o bien, por venganza hacia otra persona a la que se acusa de ser la causante del suicidio por el sufrimiento que ha llevado al suicida a tomar tan trágica decisión, lo que manifiestan en cartas o notas que dejan antes de suicidarse. Además, la causa mayoritaria del suicidio es la percepción por parte del suicida de que la vida le resulta insufrible y busca en la muerte el alivio a su dolor, porque se convence que no es capaz de cambiar las graves circunstancias que le llevan a querer quitarse la vida. La muerte es, por tanto, para quien desea suicidarse una declaración implícita de impotencia y derrota ante las adversas circunstancias que sufre.
            No sólo las difíciles y, algunas veces, terribles circunstancias personales son las que llevan al suicidio, pues también las graves situaciones generales como pueden ser la guerra, las convulsiones políticas,  las crisis económicas como la que sufre España en los últimos años - la que ha aumentado en un 13% el número de suicidios en 2012; con respecto a años anteriores-, las pandemias y hambrunas, como sucedía en épocas anteriores, también pueden incitar al suicidio. Esto se demostró entre la población joven de Alemania, una vez finalizada la I Guerra Mundial, y en Estados Unidos en plena crisis de 1929.
           
            Anteriormente me he referido a los veinte millones de tentativas de suicidio al año en todo el mundo, pero los expertos hablan de que hay que diferenciar las tentativas reales que son una forma de pedir ayuda -y que si no la consigue el suicida puede  intentarlo de nuevo de una forma más eficaz para conseguir el resultado de muerte-, de aquellas otras que son únicamente un intento de manipulación psicológica y emocional de los familiares, en forma de tentativa o amenaza de suicidio que sólo busca controlar y manipular las emociones y los actos de los más allegados al supuesto suicida.
            Actualmente, el suicidio es ilegal en muchos países occidentales o está totalmente condenado por la propia sociedad en otros muchos, especialmente en aquellos países que cuentan con una mayoría católica. Sin embargo, esta actitud no es universal, ya que hay países, sobre todo de cultura oriental, como la India o Japón, entre otros, en los que el suicidio por determinadas causas y formas se consideran un acto con carácter honroso, en unos países, o sagrado en otros, y aceptado mayoritariamente. Un ejemplo de ello es el de la antigua práctica del harakiri en Japón, forma por la que una persona que había cometido un acto vergonzoso o contrario a la moral social, conseguía borrar su indignidad clavándose una daga en el vientre. También, en dicho país, los pilotos kamikazes, durante la II Guerra Mundial, consideraban como un gran honor el acto morir en misiones suicidas que consistían en estrellar sus aviones contra objetivos enemigos, A su vez, en la India se acostumbraba a realizar el sutee, ceremonia en la que la viuda tenía que inmolarse en la pira funeraria de su marido, costumbre que se mantuvo hasta finales del siglo XIX. En el Tibet, también existe entre los practicantes budistas la inmolación a través del fuego, como forma de expiación o sacrificio supremo por una determinada causa, de lo que sirve de ejemplo los llamados bonzos que morían impávidos envueltos en llamas en protesta por cuestiones de índole política o religiosa, los que llenaban los medios de comunicación con sus terribles imágenes.
            En la actualidad, esta terrible opción sigue teniendo iguales formas de suicidio que en el pasado. Aunque, las estadísticas no son del todo fiables ni completas, porque hay sociedades más cerradas que otras que oculta estos datos por estar considerado el suicidio un estigma para quienes lo llevan a la práctica y se ocultan dichos datos. Sin embargo, sí se constata que en los países de mayoría católica es donde menos suicidios se cometen, aunque algunos autores opinan que es debido a que en estas sociedades se suelen ocultar más esta trágica realidad que en culturas descreídas.
            También, algunos autores creen que el aumento progresivo del número de suicidios se debe a que los sistemas estadísticos ofrecen unos resultados más fiables y que ha desaparecido en la mayoría de los países occidentales la fuerte carga de estigma social que tenía antes.
            Algunas de las causas que pueden explicar el aumento del suicidio en aquellas naciones más desarrolladas es, quizás, a juicio de los expertos, que el aumento de la esperanza de vida trae consigo que muchos ancianos con enfermedades terminales o que han sufrido la pérdida del cónyuge, piden la eutanasia en el primer caso, y se suicidan en el segundo supuesto de sufrimiento psicológico. Algunos países como Holanda y Bélgica ya tienen legalizada la eutanasia lo que ha elevado esta forma de suicidio asistido.
            Por todo ello, y según la opinión de los expertos, el suicidio está en aumento debido a la sensación de vacío, de falta de valores que le den sentido a la vida, así como el desarraigo y la soledad del individuo en una sociedad alienante, materialista y desprovista de principios morales y éticos como es la de los países industrializados y desarrollados, abocada a sus propias contradicciones a las que no puede dar respuestas válidas. Todo esto hace que el ser humano se encuentre perdido y desorientado, creyendo que la muerte es la solución a unos problemas que le parecen insolubles, insoportables e ineludibles, cayendo así en el profundo pozo de la desesperación, la angustia y la depresión.
            Por todo ello, desconocido amigo/a que lees estas líneas y estás pensando en el suicidio, quiero pedirte que recapacites en tu decisión, si es que ya lo tienes decidido, y pienses -especialmente si eres joven y estás acostumbrado a los medios audiovisuales-, que el suicidio no es un video juego en el que después del "game over" se pueda volver a jugar la misma partida desde cero, porque una vez que se ha cruzado la frontera que separa la vida de la muerte, ya es irreversible y no hay marcha atrás ni posibilidad de comenzar una siguiente partida que es inexistente.
            Vida no hay más que una y la tuya, concretamente, es única, irrepetible y valiosa, como la de todo ser humano. No la desperdicies, porque con tu posible suicidio sólo añadirías más dolor a tu familia del que ya pueden sentir por los problemas que te han llevado hasta esa fatal decisión. Piensa que no estás solo en el dolor, porque hay muchos millones de seres que sufren situaciones dramáticas y terribles, pero luchan por su supervivencia, quizás, porque los que han vivido siempre desprovistos de todo lo demás, no renuncian a su único y valioso don que es la vida, único bien al que se aferran con todas sus fuerzas, su dolor, su coraje y su capacidad de resistencia, esperando y soñando en un mañana mejor que el terrible hoy que viven día a día, pero sin perder por ello la esperanza.
            No te castigues por tus fracasos, por tus decepciones, ni te culpes por el dolor que sientes o por el que has hecho a los demás, pagando con tu vida un precio demasiado alto que, además, no resolvería nada, ni arreglaría las consecuencias de errores pasados, ni devolvería la sonrisa a tus allegados, a quienes te quieren y necesitan. Sólo conseguirías con tu muerte añadir más dolor a su dolor, pero de una forma estéril, siniestra, oscura y terrible que no aportaría nada y dejaría marcados para siempre a quienes te rodean.
            Para tu sufrimiento o depresión pide ayuda profesional, y busca consuelo en quienes te quieren, en familiares y amigos. Busca entre ellos a la persona idónea para hablar, para desahogarte y echar fuera todo el dolor que te anega. Acuérdate de la frase de Shakespeare cuando decía:"Dad palabra al dolor. El dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe".
            Piensa en aquellos momentos en los que te sentiste feliz, aunque sólo fuera un instante fugaz, y no te niegues a aceptar que esos días de vino y rosas pueden volver a iluminar tu vida con el destello fugaz de su cálida luz que ilumina toda vida en momentos de plenitud que, aunque sean fugaces, son suficiente para darle sentido y valor a una existencia. Esas buenas vivencias vívelas en el recuerdo y piensa que si un día, por lejano que fuera, las viviste, el futuro te puede reservar otras, aunque ahora rechaces esa posibilidad en este presente atroz en el que te sientes morir de angustia y desesperación.
            No olvides que quien más te necesita ahora y siempre eres tú mismo/a y no puedes abandonarte, ni negarte esa ayuda y consuelo que necesitas en estos momentos de tinieblas. No conviertas tu dolor, tu desesperación, en un verdugo. Conviértelo en un aliado y también en un maestro que te enseñará, si sabes escucharlo, a encontrar el sentido de todo lo que te ocurre, de esa infinita desesperación que sientes y, poco a poco, te irá señalando la salida del profundo y negro túnel que está atravesando, pero piensa que siempre, al final, hay una luz que indica la salida; pero para verla hay que tener los ojos abiertos y la mirada atenta. No cierres los ojos en la oscuridad que te rodea, porque a pesar de las negruras siempre hay pequeños destellos de luz que te ayudarán a ver en la espesas oscuridades que te envuelven.
            Me vas a permitir que te recuerde una frase del genial Charles Chaplin, el humorista que siempre hacía llorar y reír al mismo tiempo, y que conocía demasiado bien la desgracia, la penuria y la soledad durante muchos años antes de ser un artista famoso. Chaplin decía "La vida es maravillosa si no se le tiene miedo".
            Sólo hay que tenerle miedo al miedo, a la irrenunciable aceptación de la derrota vital y a la muerte.
            Espero y deseo que encuentres una chispa de luz en tu actual camino por la oscuridad de un presente atroz y que tengas la posibilidad de vivir el hermoso futuro  que tú sólo puedes negarte si cierras los ojos para no ver que a la oscuridad se la vence siempre encendiendo una pequeña llamita de esperanza, ésa que ahora te falta y su vació lo llenan tus ganas de morir.
            Sincera y cordialmente.
           
           

            

jueves, mayo 30, 2013

Carta a un/a fracasado/a que sigue en el empeño


            El fracaso en cualquier proyecto humano, sea el que fuere: académico, laboral,
sentimental, familiar o económico, siempre es una de las sensaciones más amargas que puede sentir cualquier persona en su vida. Ese fracaso en la consecución de unos fines para los que ha empleado tiempo, esfuerzo, ilusión y voluntad suele dejar en la cuneta a los más débiles, a quienes no soportan hacer algo sin conseguir inmediatamente una gratificación por pequeña que sea que compense todo el tiempo, el trabajo, el interés y la dedicación a ese proyecto que ahora se viene abajo como un castillo de naipes que ha recibido un manotazo.
     Sin embargo, hay quienes, como tú, amigo/a desconocido/a, sigues en la brecha de esa ilusión que un día te hizo concebir el proyecto a desarrollar, el sueño a alcanzar y en lo que pusiste no sólo tiempo y esfuerzo para conseguirlo, sino también algo muy íntimo y personal que es de la misma materia sutil de la que están hechas los sueños, porque en ellos, te reconoces a tí mismo/a y le dan sentido a tu vida, a pesar de que, hasta ahora, no has conseguido tu meta, esa que siempre ves lejana, llamándote en silencio, a pesar de tu sensación de cansancio, de amargura, quizás, de desaliento, porque cada vez la concibes más difícil, más inalcanzable, más utópica. Te preguntas a ti mismo/a por qué sigues en el empeño, porqué cada mañana, a pesar del esfuerzo que has hecho tanto tiempo en vano, ese proyecto, esa meta, ese sueño por conseguir, te hace levantarte de la cama, a pesar de tu íntimo desaliento, de tu sensación ya consumada de fracaso, de tu convicción de que todo es inútil, pero te das ánimos de nuevo que no sabes de dónde sacas para intentarlo otra vez, otro día más, sin querer tirar la toalla, sin dejarte vencer por el desánimo, sin desfallecer.
            Ese espíritu de lucha que renuevas, día a día, te define como un/a vencedor/a nato/a, te hace ser superior a las dificultades, a las trampas, a las zancadillas que el destino o que la mala suerte te ha puesto en el camino (incluso las que te ponen los demás, con sus continuos consejos de que abandones, de que no sigas adelante con tu iluso proyecto -así le llaman, quizás-, con tu lucha en solitario). Sin embargo, tú no escuchas lAs voces agoreras que por "tu bien" te aconsejan, porque nadie puede ser mejor piloto de la nave de tu vida que tú mismo/a, aceptando de antemano que puedes morir en tan difícil travesía, en esa aventura vital, profesional o vocacional, que emprendiste un día con el corazón rebosante de ilusión, de esperanza, por conseguir alcanzar tus sueños aunque para ello te dejes la vida en el intento. ¿Pero qué sería de tu vida si tuvieras que renunciar a tus  anhelos, a tus sueños? ¿Merecería la pena vivirla? Sabes de antemano la respuesta y no es otra que prefieres "fracasar" mil veces, -según la opinión de los demás, más o menos bienintencionados-, que "triunfar" de la forma que esta sociedad materialista entiende que sólo se reduce a ganar dinero (en el tema vocacional o profesional), cuanto más mejor, aunque lo que hagas te deje el alma fría  y el corazón yerto en una ocupación que no te interesa lo más mínimo, que incluso detestas; y, en temas sentimentales,  renuncias a tener una pareja que "convenga", pero por la que sólo puedes sentir indiferencia cuando no rechazo.
            Decía Andres Maurois "El fracaso prueba la debilidad del deseo y no su temeridad." Por eso, tú no te rindes, porque cuando imaginaste por primera vez que querías amar a esa persona, elegir esa profesión, vivir esa aventura, sea la que fueres, te estabas definiendo en tu elección vital. No olvides que no hay mayor aventura que la propia vida, y como decía el gran escritor Conan Doyle, refiriéndose a su larga trayectoria profesional como marino mercante:"Pensé que era una aventura y resultó que era la vida". Lo que empieza siendo provisional: una actividad laboral, una relación sentimental, una determinada forma de vida que no convence, pero conviene provisionalmente, termina convirtiéndose en una trayectoria vital constante y duradera que sólo provoca frustración, amargura y auténtico sentido del fracaso, aunque los demás consideren que es lo más adecuado y conveniente e, incluso, la consideran una vida en la que se ha tenido éxito; excepto tú, claro, que te sentirías doblemente fracasado/a: por no haber luchado por tus sueños y por haber aceptado una vida mediocre y gris en la que habrías vivido seguro/a, pero también habrías perdido tus sueños y tu capacidad de lucha por aquello en lo que crees y en lo que te reconoces y reafirmas. Piensa en lo que dijo el escritor y dramaturgo Samuel Beckett ante el tema del fracaso:"Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor".
            Naturalmente, en una época de crisis como la que padecemos no se puede dejar de lado las cuestiones prácticas, es decir, conseguir un trabajo para subsistir -si es que se consigue, tarea nada fácil en la actualidad-, esté o no de acuerdo con las preferencias, la vocación -si se tuviera- o la formación. Claro que hay que hacer concesiones a la realidad de que hay que trabajar para vivir, pero sin olvidar que eso no es lo mismo que vivir para trabajar. Es decir, el mismo error comete quien le dedica demasiadas horas al trabajo y lo considera lo más importante de su vida, olvidando otras parcelas como la familiar, la sentimental o amistosa, o la simplemente lúdica, que quien vive para trabajar en algo que no le gusta, que no le satisface, y deja de lado su vocación, sus verdaderos intereses, sus inquietudes y sus propios sueños, por lo que pierde  igualmente la vida que auel y su verdadero significado de realización en pos de una seguridad material que sólo le asegura la insatisfacción más profunda, la frustración y la amargura.
            En el plano sentimental, lógicamente, no se puede obligar a nadie a que corresponda al amor que se siente por él o ella; pero la aceptación de esa verdad incuestionable no es lo mismo que quien renuncia a un amor correspondido por cuestiones sociales, económicas, culturales, étnicas o cualesquiera que fueren.
        El famoso periodista deportivo americano, Gay Talese, de visita en España para presentar su último libro «El silencio del héroe» (Alfaguara), afirma en una entrevista concedida al diario ABC/cultura (25/05/2013) que: "Me fascina quien tras muchos fracasos aún lucha por el éxito." Aunque se refiere al ámbito deportivo, esta admiración por el héroe real -que no es siempre quien gana, sino quien tiene el valor, el coraje, la resistencia ante la adversidad y la capacidad de seguir en la brecha-, se puede extender a cualquier parcela de la actividad humana, a cualquier tipo de intento, de proyecto, de lucha por conseguir un fin sin desfallecer en el intento.
            En eso consiste la verdadera heroicidad, la única que justifica una vida ante sí misma y ante los demás, por servir de ejemplo, porque quien lucha por conseguir sus sueños a pesar de todas las dificultades, los tropiezos y las caídas es el verdadero héroe, el verdadero y único triunfador en una sociedad que sólo valora el éxito, por artificial, efímero, estúpido y sin valor que sea, porque no hay mayor triunfo que no traicionarse a sí mismo, a no renunciar a los sueños, los proyectos, las metas aunque los demás piensen que son una utopía, una locura o una extravagancia.
            Si te sientes un/a fracasado/a, pero aún sigues intentándolo una vez más, renovando tus energías, aunque no sepas de dónde te surgen, a pesar de las voces agoreras que te aconsejan que no continúes, desde ahora te digo que eres un verdadero héroe o heroína y que gente como tú han sido los que han creado obras de arte, han inventado nuevas técnicas y han enriquecido a la ciencia con sus descubrimientos; han fundado pueblos y naciones, han ido más allá, más lejos que los demás seres humanos, abriendo fronteras, traspasando los límites, cada uno de una forma distinta, pero siempre a través de su esfuerzo, muchas veces anónimo, de su lucha, de su constancia y capacidad de soportar la adversidad y, en ocasiones, la burla, la incomprensión y el rechazo de sus semejantes.
            Gente como tú son las que hacen falta en un mundo sin valores, sin capacidad de lucha, acomodaticio, materialista y oportunista, porque con tu esfuerzo, con tu lucha para conseguir aquello que anhelas, -sea lo que fuere y siempre que no haga daño a los demás-, estás poniendo de manifiesto ante los que te rodean que se conforman con una vida segura, mediocre y gris, que hay otra forma de vivir, de luchar, de sentir y de soñar que es la que hace ser hombre o mujer de verdad, porque quien lucha por hacer realidad sus sueños, está viviendo de verdad, en plenitud y consciente de que la vida, ese maravilloso y mágico don, es una oportunidad única y preciosa para llegar a ser quien se desea, quien se sueña ser; y ya se empieza a serlo desde el momento en que todo el entusiasmo, el esfuerzo y la energía se utiliza para conseguirlo, sea cual fuere el resultado.
            Mi más sincera enhorabuena por ser como eres y, por favor, no cambies nunca. Tienes un largo trayecto ante ti: el que te separa de tu meta, de tu más ferviente deseo, y para ello sólo cuentas con tu coraje, esfuerzo y capacidad de resistencia, Tu fracaso, como lo llaman otros, es tu mejor insignia, tu medalla al mérito, porque prueba que eres esforzado, voluntarioso/a y congruente con tus ideas, pero sobre todo que estás hecho/a de la pasta de los héroes que daban su vida por conseguir un ideal, una meta, un fin que justificaba tanto esfuerzo y tanta lucha.  Te animo a que recuerdes, en los momentos inevitables de desaliento, lo que de los llamados fracasados afirma, Johann W. Goethe: "Aquellos que ven en cada desilusión un estímulo para mayores conquistas, ésos poseen el recto punto de vista para con la vida".
            Tú eres un ganador de la dura batalla de la vida, lo que consigas con tu esfuerzo, sea mucho o poco, será siempre lo de menos, porque lo importante es que has luchado limpia e incansablemente por conseguirlo y en eso radica el verdadero y único mérito posible al que puedes ser acreedor. Me vas a permitir recordar, para terminar, una hermosa cita de Albert Camus cuando hablaba del éxito y de los triunfadores. Decía: "No es difícil tener éxito. Lo difícil es merecerlo".
            No es tu caso. Tengas o no éxito -según se entiende socialmente-, sin duda que lo mereces y que ya en tu constante lucha por hacer aquello que deseas o quieres conseguir, ya tienes tu verdadero y más preciado triunfo.
            Sinceramente.

           
               
               
               
               

                

lunes, febrero 04, 2013

Carta a abierta a la familia de Marta del Castillo



Padres de Marta del Castillo
Marta del Castillo

         









Estimados Sres. del Castillo:
   En estos últimos días se ha producido otra noticia en el caso de la desaparición y muerte de su hija, Marta, que les ha llenado de dolor, porque el aumento de la pena impuesta a Miguel Carcaño, autor de la muerte y desaparición de su hija y único sentenciado en este caso,según ha decidido el Tribunal Supremo, Sala de lo Penal, que ha aumentado su condena de 20 a 21 años y tres meses (poco cuesta matar en este país), al considerar dicho Tribunal que se le debe también atribuir un delito contra la integridad moral por el sufrimiento que le ha provocado a toda su familia con sus constantes cambios de versión sobre el paradero del cadáver.
            Comprendo que este pequeño aumento de la condena de poco les puede servir mientras no puedan encontrar los restos de su hija y puedan así cerrar el círculo interminable de la pesadilla que están viviendo, aunque el dolor no cesará por ello, y al fin puedan alcanzar una cierta serenidad, sabiendo que Marta también descansa en paz.
            La Audiencia provincial de Sevilla condenó a Miguel Carcaño a 20 años de cárcel por el asesinato de Marta, pero lo absolvió del delito de violación, lo que sigue sorprendiendo a muchos ciudadanos, porque se había auto inculpado de ello, aunque no se pueden encontrar pruebas para condenarlo por la falta del cuerpo.
            Además, la Sala Segunda del Tribunal Supremo le impone,  en concepto de costas del proceso, el coste de la búsqueda del cuerpo de Marta, lo que asciende a 616.319,27 euros.También, anula la sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla con relación a Samuel Benítez, uno de los tres sospechosos de haber colaborado con Carcaño para hacer desaparecer el cadáver y que resultaron absueltos, lo que sigue sorprendiendo a cualquier persona que siguió el proceso a través de la prensa y leyó las declaraciones que todos los imputados hicieron en esos días.
            El Tribunal Supremo ordena que se dicte un nuevo pronunciamiento, pero sin que se tenga que repetir el juicio, lo cual  impide que Carcaño, único condenado por estos execrables hechos, sea puesto en libertad por haber permanecido en prisión preventiva cuatro años sin que se haya dictado sentencia, lo que causaría un escándalo social y aumentaría aún más el sufrimiento de ustedes como padres de la víctima. Para ello sólo anula una parte de la sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla, pero no toda para no tener que repetir el juicio. Además, ordena al tribunal sentenciador que dicte una nueva Sentencia con relación a  reexaminar la posible participación  como encubridor de Carcaño  de Samuel Benítez, "con libertad de criterio y respeto por las reglas de la lógica".
            Aunque todos estos extremos jurídicos ya los conocerán a través de sus abogados, no por ello les será menos dolorosos tener que aceptar que con esta Sentencia no se aclara el paradero de los restos de su hija y a esa pena no se le puede compensar con un año más y tres meses de condena y la imposición de costas. al asesino
            A lo largo de este tiempo, según dijo la prensa y la televisión, algunas personas de buena voluntad, y con más o menos acierto, se pusieron en contacto para indicarles dónde podría estar el cadáver de Marta, pues algunas de ellas dirían que tenían dotes de videntes y otras, a lo mejor, sólo le hablaron de sueños, e intuiciones, pero sin que se consiguiera resultado alguno.
            Las tres búsquedas emprendidas por la Policía terminaron siendo un rotundo fracaso, además del alto coste que ello supone en tiempos de crisis como los que estamos sufriendo. Sin embargo, las dos primeras búsquedas realizadas en el Guadalquivir, una, y en un vertedero de basuras, otra, se terminaron sin conseguir ningún resultado, siguiendo las indicaciones de Carcaño que, además del asesinato cometido, se burlaba de los servidores de la Ley haciéndoles perder el tiempo y aumentando el sufrimiento de toda la familia cuando veían sus expectativas fallidas y la incógnita del paradero del cadáver seguía sin encontrar respuesta.
            Sin embargo, la tercera de las búsquedas que hizo la Policía no se terminó, porque la Ruta del Agua es demasiado larga (más de 68.kilómetros) y no podía la Policía tener a tantos efectivos y medios dedicados a la búsqueda de un cadáver, sin tener más indicios que los meramente indicados por quienes  se pusieron en contacto con ustedes para intentar ayudar a encontrar el cuerpo de Marta. Si no recuerdo mal, la búsqueda se interrumpió en el kilómetro 4, o 5, de dicha Ruta del Agua, partiendo desde Sevilla o Camas, dejando de buscar en todo el resto que son muchos kilómetros hasta llegar a Lago del Serrano, pasando por lugares tan  bellos como son, la Dehesa del Serrano, el impresionante Palacio de Perladé o el Camping Sierra Brava. Cuando una búsqueda cesa antes de finalizar y sólo se ha recorrido un corto tramo de kilómetros, la sensación de desánimo, de no haber podido acabar la tarea y de seguir con la  angustia y la desazón debe de ser terriblemente dolorosa.
            Como familia de la víctima que son, anunciaron que seguirían en solitario con la búsqueda; pero, al no haber más noticias al respecto, todo indica que no pudieron finalizarla por la enorme extensión de terreno a examinar minuciosamente en una búsqueda desesperada y solitaria .que, por eso mismo, tenía que ser infructuosa.
            Soy una ciudadana más que se solidariza con su dolor, con su impotencia al no poder encontrar el cadáver de su hija y darle cristiana sepultura, y ver cómo algunos de los que participaron en la ocultación del cuerpo de Marta están campando a sus anchas, libres de toda acusación, a no ser la que les dicte su improbable conciencia, si es que alguna vez se les despertara en sus viles existencias..
            Decía el poeta Marcial que "la mentira nunca muere de vieja". Deseo profunda y sinceramente que se encuentre pronto el cuerpo de su hija y que quienes participaron y ocultan su paradero terminen de una vez con esta terrible mentira, con este juego macabro  de silencio y ocultación en el que no sólo se juega el descubrimiento del cadáver de Marta, sino también que la Justicia caiga con todo su peso sobre quienes participaron en tan  execrable crimen, estén condenados o en libertad, y paguen, si no con sus vidas,  sí con muchos años de cárcel, por la joven vida que segaron, por todo el sufrimiento, el dolor y la impotencia que como padres sienten, y al que le acompañan, sin duda alguna, todos los españoles de buena voluntad que ven horrorizados cómo tales casos quedan impunes o, al menos, algunos de sus autores.
            Reciban mi más alta consideración y afecto.

            Ana Alejandre